lunes, septiembre 21, 2009

El cinismo global del imperio y los tributarios


Un ex presidente en Latinoamérica, Ricardo Lagos, expresó que hay que vivir en un mundo global porque es una realidad. Olvidó mencionar al imperio, que también es real.
Estados Unidos ataca militarmente en Irak, Afganistán, Pakistán y, recién, Somalia.
El presidente Obama renovó el embargo a Cuba impuesto desde 1963. Le aplicó la Ley de Comercio con el Enemigo bajo el argumento que es necesario para el “interés nacional de los Estados Unidos”.
Al canciller de Brasil le inquieta que Washington desde sus bases en Colombia ataque a países vecinos pretextando que violan la democracia y la libertad.
Carla Del Ponte, ex fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) de la o­nU, en sus memorias tituladas: Señora Fiscal: confrontando los peores criminales de la humanidad y la cultura de la impunidad ilustra el verdadero interés de Estados Unidos por las violaciones a la libertad, la democracia y la vida.
Algunos hechos, según el artículo ‘El encubrimiento de crímenes de guerra en Ruanda’ de Peter Erlinder (1)
En 1994 con el asesinato del presidente Juvenal Habyarimana se desencadenó un genocidio en Ruanda que significó la muerte de más de 800 mil personas. Primero salieron a matar los extremistas hotus del gobierno y luego los victoriosos tutsis del actual presidente Paul Kagame.
Ya en septiembre de ese mismo año una relación de pruebas del proceso judicial Military-1 del TPIR, confirmó que el Secretario de Estado estadounidense Warren Christopher fue informado que las tropas de Kagame mataban al estilo militar "a 10.000 civiles al mes".
En enero de 1997, un equipo compuesto por el fiscal responsable de investigación del TPIR, Michael Hourigan, el ex agente del FBI James Lyons, y el ex jefe de inteligencia militar de la o­nU en Rwanda, Amadou Deme, informaron a Louise Arbour que Kagame debía ser procesado por el asesinato del presidente Habyarimana. La fiscal Arbour ocultó el informe y disolvió el equipo de investigación. Posteriormente ascendió a la Corte Suprema de Canadá.
La sucesora de Arbour fue Carla Del Ponte. Ella, Stephen Rapp y otros fiscales del TPIR sin duda conocieron ese informe.
En su libro Carla Del Ponte da pormenores del encubrimiento sistemático de Estados Unidos a los crímenes cometidos por el actual gobierno ruandés, aliado suyo.
Como las pruebas contra Kagame eran sólidas, Del Ponte anunció públicamente que lo procesaría junto a miembros de su gobierno y a militares. Pero en mayo de 2003 fue llamada a Washington por el embajador de Estados Unidos Prosper, que sabía de los crímenes por haber sido también fiscal del TPIR. Él le informó que si continuaba con su propósito EEUU la sacaría del puesto. Del Ponte, dice, se negó a cooperar en el encubrimiento alegando que trabajaba para la o­nU y no para USA. La respuesta de Prosper fue que su carrera en el TPIR había concluido.
Según Del Ponte la oficina de la fiscalía del TPIR mucho antes de 2003 obtuvo pruebas para procesar a Kagame por hechos relacionados con el genocidio y haber ordenado el asesinato del presidente Habyarimana. Señala decenas de lugares de masacres con miles de víctimas por las que Kagame y su ejército deben ser procesados.
Dos años después de la destitución de Del Ponte pasó a ser responsable de la fiscalía del TPIR Stephen Rapp. Él tuvo acceso además de las pruebas conocidas por Del Ponte a otras hechas públicas en los últimos años. Sin embargo hasta ahora no hay ningún procesado.
De todos los crímenes de 1994 en Ruanda sólo culparon al bando de los perdedores. Procesaron a hutus por crímenes que ellos sabían que fueron cometidos por las fuerzas tutsis de Kagame. Para lograrlo Rapp y otros fiscales omitieron pruebas a la defensa creando un sistema de impunidad judicial.
En cambio en Francia un juez acusó a los asesinos de Habyarimana y recomendó a Kofi Annan que el TPRI procesara a Kagame. Y en febrero de 2008 un juez español emitió una acusación contra Kagame por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad que incluían masacres de más de 300.000 civiles.
La protección norteamericana a Kagame es comprensible.
Paul Kagame antes del genocidio recibió instrucción militar en un fuerte de Estados Unidos en Kansas.
Después de prohibir los partidos de oposición y encarcelar a los opositores, en un clima de intimidación según los observadores de la Unión Europea, Paul Kagame fue elegido presidente de por vida con el 95% de los votos.
De 1994 a hoy Kagame invadió la República Democrática del Congo los años 96 y 98 y recientemente ocupó una parte del este congoleño. Hay al menos cuatro informes de expertos de la o­nU sobre su explotación ilegal de esa república. Masiva violación de recursos naturales que ha servido para acumular grandes riquezas a Kagame y su círculo íntimo. El ejército ruandés solo en 1999-2000 robó 250 millones de dólares en recursos.
Es significativo saber quién compró ese botín de materias primas.
Pocos meses después de la publicación de las memorias de Carla Del Ponte, el presidente Obama designó a ese ex fiscal del TPIR, el demócrata Stephen Rapp, embajador especial para crímenes de guerra.
Las corporaciones junto con su protección de silencio e impunidad a Kagame disfrutan esos escasos y valiosos recursos robados a África sin dejar por ello de adoctrinar al mundo en los principios de su democracia, su libertad y su defensa de los derechos humanos… Pragmáticos tributarios simulan no saberlo y hacen coro a su discurso.

1 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=91419

Rómulo Pardo Silva
Contacto romulo.pardo@gmail.com

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