miércoles, junio 10, 2009

Solidaridad


Si hay algo que debe caracterizar a un/a revolucionario/a antiimperialista, socialista, comunista… es la solidaridad.
Solidaridad en las relaciones sociales y políticas.
Solidaridad entre las izquierdas y las fuerzas populares y democráticas.
Solidaridad humana.
Solidaridad frente al abuso, la injusticia, la explotación, la persecución, la amenaza de muerte, la discriminación….
Solidaridad con la familia, la vecindad, los/as camaradas de lucha, las clases explotadas y excluidas, el pueblo, la humanidad toda.
Solidaridad cuando existen convergencias, pero también cuando se disiente sin vulnerar la ética, los principios….
A más riesgo, mas solidaridad con las víctimas o posibles víctimas del sistema.
A más abuso de poder, más solidaridad con los oprimidos/as, perseguidos/as y discriminados/as.
Ninguna injusticia debe ser pasada por alto.
Ninguna disparidad, circunstancial o duradera, debe ser pretexto para obviarla.
Siempre hay que respaldar la verdad frente a la mentira, la razón frente a la sinrazón, la rebeldía contra la opresión, la insumisión contra la dictadura, la justicia frente a la injusticia, al débil contra el poderoso…
Las izquierdas que pierden de vista ese principio contribuyen paso a paso, infracción tras infracción, a degradar su identidad.
Hay que cuidarse del sectarismo que influye negativamente hasta erosionar la solidaridad, hasta descuidar la acción precisa contra el enemigo que acosa al amigo. Contra el gendarme que atropella, asesina o amenaza al/la camarada, al compañero/a de lucha. Contra la CIA, la DIA, el DNI el sicario, la Policía, el Mossad, el paramilitar, el régimen opresor, el gobierno abusador, la instancia asesina, el imperialismo criminal…
Al poder que espía, persigue, mata, tortura, reprime, abusa, explota, saquea, excluye, discrimina, empobrece…no se le deben hacer concesiones. Ni siquiera por omisión
Todo aquel que sea su víctima, todo individuo o conglomerado social que reciba sus ataques y embestidas, merece la solidaridad de quienes somos sus opositores(as)
Ningún pretexto debe ser esgrimido para no hacerlo.
Ninguna razón es válida para las inhibiciones frente al gran agresor.
EL riesgo del o de la camarada debe convertirse en el riesgo propio.
EL abuso contra el pueblo, es el abuso contra uno mismo.
En tales casos no hay razón para validar silencios o la indiferencias.
Hoy por ti, mañana por mí; hoy por nosotros/as, mañanas por ustedes
La represión tiene comienzo, pero no tiene fin.
Siempre procuraré ser leal a esta actitud y asumiré la necesidad de convertirla en línea inconmovible de nuestro movimiento.
Y no hablo por hablar: muchas veces he sido solidario más allá de cualquier diferencia o militancia, más allá de cualquier desencuentro temporal. No es preciso dar ejemplo, más bien es de mal gusto: la solidaridad no se sacaliña.
Me he esforzado – y me esforzaré siempre- en no vulnerar el principio de solidaridad, porque hacerlo degrada y contradice la esencia de nuestros ideales.
Me lastima observar las inconsecuencias en ese orden y no precisamente ante mis dificultades y riesgos, sino frente a los peligros que asechan o pueden asechar a los demás. No enfatizo en lo propio porque tengo como defenderme más allá de las estructuras sectorizadas y de los déficit que resultan de las inconsecuencias calculadas. Siempre he recibido una solidaridad más allá de sus precarias fronteras y defectuosos espacios.
Las izquierdas y las fuerzas solidarias son mucho más vastas que las siglas y los grupos emponzoñados.
Me preocupa si que la insolidaridad influya sobre cualquier componente del campo popular y de izquierda.
Que el sectarismo ofusque hasta la insensibilidad.
Que la competencia infecunda la embote
Que el individualismo, potenciado por la era neoliberal, gravite contra la solidaridad colectiva necesaria.
Me preocupa por el destino de las víctimas del sistema, pero sobretodo por la suerte de quienes no tienen la calidad de espíritu para superar cualquier expresión de mezquindad o cualquier sentimiento espurio; capaz de obstruir el deber revolucionario en materia de solidaridad hacia los factores humanos de alto riesgo y hacia las causas sociales, morales y políticamente justas.

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Anexo: solidaridad actual

En este momento, más allá de los casos individuales específicos, hay causas que nos exigen un despliegue intenso y persistente de solidaridad:
La lucha de los pueblos originarios de la amazonía peruana, cruelmente reprimida por el régimen de Alan García; un trascendente combate contra su tozuda política neoliberal, enmarcada en este caso en el interés de facilitar la privatización de importantes recursos naturales ambicionados por las transnacionales y la oligarquía capitalista.
Sumarnos al clamor continental por la condena de esa masacre y por el enjuiciamiento y destitución del presidente peruano, es un deber ineludible.
La Asamblea del Pueblo de Puerto Rico ha desplegado una formidable movilización contra la privatización de la administración pública que merece todo nuestro apoyo. Otra expresión de endurecimiento de la política neoliberal a pesar de la crisis agravada por ella.
EL pueblo dominicano está en pie de lucha contra el intento de instalar una fábrica de cemento del “Consorcio Minero” en la región de los Haitises, importante reserva de agua, biodiversidad, especies endémicas y muestras de la civilización precolombina.
Allí nacen todos los ríos del Este del país y se ha preservado un verdadero paraíso con grandes potencialidades ecoturísticas, amenazadas por la cruzada privatizadora de ese poderosos grupo económico “Consorcio Minero” de la familia Estrella y sus socios, del magnate Venezolano Gustavo Cisneros y otros grupos dedicados a la especulación con bienes raíces de interés turísticos. El presidente Leonel Fernández es parte interesada en ese asalto a los Haitises.
El movimiento por la salvación de los Haitises demanda urgente solidaridad.
El Pentágono se apresta a instalar una base especial en Palanquera, Colombia, para reforzar sus planes intervencionistas en toda la región, específicamente dirigidos contra Venezuela, Ecuador y Bolivia.
El tipo de base facilitaría el uso de aviones militares con gran autonomía de vuelo, tanto como para cubrir casi toda Suramérica hasta los limites de Tierra de Fuerza. Obama autorizó 46 millones de dólares del presupuesto para esos fines.
Igual procuran facilidades en Sur y Centroamérica para entrenamientos y maniobras militares.
Urge retomar la lucha por la salida de las tropas y el desmantelamiento de las bases miliares estadounidenses en la región.

¡Ni un soldado yanqui en nuestra America!
¡Alto al genocidio indígena en Perú!
¡No a la Cementera y a la apropiación privada de los Haitises en República Dominicana!
¡No a la base de Palanquera en Colombia!
¡No al reforzamiento del Plan Colombia!
¡No a la criminalización de las luchas y los(as) luchadores(as) antiimperialistas del continente!


Narciso Isa Conde en Kaos en la Red

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