viernes, agosto 29, 2008

El deporte en la revolución cubana

Soy de los millones de cubanos que acompañó con sano orgullo, los éxitos deportivos de mi país, sentimiento que comparto con quienes en muchas partes del mundo siguen los éxitos de Cuba socialista en este y otros campos.
Aspiro a que la última, y de inmediato la próxima, sea siempre la mejor de todas las participaciones cubanas en citas olímpicas, mundiales, panamericanas y centroamericanas, lo que asumo como una cosecha de bien ganados títulos y medallas, pero lo que siempre consideraré más importante, será la propia presencia de una amplia delegación de revolucionarios cubanos, en el escenario del deporte mundial. Más que el recuento de los lauros y records deportivos, que a todos nos agradan, aspiro a que la delegación de mi país obtenga la gran medalla de la dignidad deportiva, el record del amor a su patria, el sitial de honor de quienes construyen el socialismo en América.
El júbilo de quienes ven en los resultados alcanzados en Beijing una derrota de la Revolución, los graznidos de sus esbirros del periodismo prostituido, no merecen la menor atención. No pueden entender quienes solo se mueven en el viciado margen de la agitación y la diversión política, que calificar a la dignidad y el patriotismo, como los mejores premios a alcanzar en una olimpiada, resulta consustancial a la filosofía y al proyecto de presente-futuro de la Revolución Cubana.
Si considero que estos días en que el deporte pasa a ser un tema más que habitual, totalizador, tanto en el país, como en muchas otras partes del mundo, resulta oportuno promover la reflexión sobre lo que hoy representa el sistema deportivo cubano, sus resultados y sobre todo adelantar opiniones, alrededor de los compromisos que tenemos para continuar la obra del socialismo en este frente de humanismo trascendente.

La memoria no puede faltar

El pleno y democrático acceso al deporte, la educación y cultura física, y la recreación, constituyen privilegios que disfrutan solo las generaciones de cubanas y cubanos que vivimos en el socialismo. El deporte está integrado a la estrategia educacional cubana y es parte sustantiva del propósito de lograr una mujer y un hombre con una cultura general integral. El ejercicio físico se asume también como parte del desarrollo del Sistema de Salud. Hoy el deporte es parte sustantiva del propósito de lograr una mujer y un hombre con una cultura general integral. No es ocioso recordar que a pesar de que el primer gimnasio de Latinoamérica, fue fundado en La Habana en el año 1839, no puede hablarse de la existencia en el país de un movimiento deportivo hasta el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.
Durante el Siglo XX el deporte, en lo fundamental, estuvo limitado a la iniciativa de activistas y promotores privados. La situación se caracterizaba por la falta de incentivos estatales, la no masividad, la estratificación clasista de la práctica deportiva y el profesionalismo. No existía sistema alguno capaz de controlar, ampliar y desarrollar eficazmente tan importante actividad. La educación física solo era un valor agregado que se promocionaba en unas pocos escuelas e institutos, la mayoría centros privados dedicados a formar a los hijos de la oligarquía y sus grupos afines.
Al analizar la época neocolonial, nos percatamos de que el boxeo profesional, el béisbol y el atletismo, constituían los deportes más practicados y por tanto de los más destacados, tanto nacional como internacionalmente. Figuras de la talla de Ramón Fonst, campeón Olímpico de esgrima en las Olimpiadas realizadas en Paris 1900 y San Luis 1904, Manuel Dionisio Díaz, titular en 1904 del sable individual y José Raúl Capablanca, campeón mundial de Ajedrez desde 1921 hasta 1927, permiten corroborar en su excepcionalidad, que solo la genialidad de estos hombres hizo posible que alcanzaran tales triunfos, en deportes exclusivos para las capas más altas de la sociedad, tanto en nuestro país, como a escala mundial.
Muchos de los deportistas, veían en la práctica de estas disciplinas, la vía de escape para resolver sus precarias situaciones económicas y poder ayudar, de esta manera, a sus seres más queridos, aunque en muchos casos, la realidad del profesionalismo les jugó una mala pasada y terminaron sus vidas de atletas activos, enmarcados en la misma pobreza con la que c omenzaron. Tales fue el caso de Eligio Sardinas, el Kid Chocolate, rescatado, atendido y dignificado por la Revolución.

Al triunfo de la Revolución

A inicios de 1959, las estadísticas que mostraba Cuba en materia de deportes y educación física, no eran nada alentadoras. Unas 15 mil personas practicaban con regularidad deportes, en 951 instalaciones deportivas, la mayoría dedicada a deportes de élite, ejercitados por los burgueses y sus grupos afines. Solo el 2 por ciento del alumnado recibía servicios de educación física por 609 profesionales de la materia - 1 por cada 100 000 habitantes-, de los cuales solo el 60 por ciento permaneció en el país después del fin de la dictadura proyanqui. Así el Gobierno Revolucionario, se vio en la necesidad de cambiar la filosofía del deporte imperante, y reorganizar el sistema deportivo cubano. F idel Castro, en un discurso pronunciado el 29 de enero de 1959, dejó claramente establecida la voluntad de la Revolución en el campo deportivo: “Venimos decididos a impulsar el deporte a toda costa, llevarlo tan lejos como sea posible”, expresó entonces el Comandante en Jefe de la Revolución. ...” ( Armando S. Hernández López: Paginas de Victorias, Editorial Deportes, La Habana, 2001, página 9 ).
El 14 de enero de 1959, se crea la Dirección General de Deportes (DGD) y dos años más tarde, el 23 de febrero de 1961 nace el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER), organismo principal encargado de la planificación, dirección y ejecución de los programas de las distintas actividades deportivas a lo largo y ancho de todo el país y en la arena internacional. En 1962 bajo el principio martiano de la no comercialización del deporte, se llevó a cabo la eliminación del profesionalismo. Entonces se da a conocer la consigna que guiaría el movimiento deportivo cubano, “El deporte derecho del pueblo”, convertida en principio de la Revolución. Y tal reconocimiento se inscribió como precepto constitucional. En texto de la Constitución de 1976, en su artículo 52 establece: “Todos tienen derecho a la Educación Física, al deporte y la recreación”.
El disfrute del derecho al deporte se garantizó por la inclusión de la enseñanza y práctica de la Educación Física y el deporte en los planes de estudio del Sistema Nacional de Educación; y por la amplitud de la instrucción y los medios puestos a disposición del pueblo, que facilitan la práctica masiva del deporte y la recreación. El nuevo sistema se estructuró sobre la base de tres conceptos fundamentales: deporte participativo, formación integral del deportista y la atención a atletas. La creación del régimen de participación deportiva fue -y es hasta hoy- la base organizativa fundamental del nuevo movimiento deportivo cubano; sus características únicas permiten que miles de personas se incorporen a la práctica del deporte, impulsando este último a toda costa y llevándolo tan lejos como sea posible.
En 1965 se creó la Industria Deportiva y se edificaron instalaciones, para que en toda la geografía del archipiélago cubano, los ciudadanos interesados practicaran la modalidad de su gusto. En ese sentido, cabe nombrar el Plan Montaña, que consistió en construir estadios en zonas tan agrestes como los macizos de la Sierra Maestra, en el extremo oriental; el Escambray, en el central; y la Sierra de los Órganos, en el occidental. También se fundó el Instituto de Medicina Deportiva, y fueron miles los maestros capacitados para extender la educación física a todas las escuelas del país. Se establecieron las áreas deportivas y los programas para diversos niveles de enseñanza.
Desde el círculo infantil, la educación en Cuba tiene incorporada la educación física, con carácter obligatorio en todos los niveles de enseñanza, e incluye programas que promueven talentos en varios deportes, además de potenciar valores éticos y morales relacionados con el espíritu de solidaridad y de fidelidad. Para ello la labor del profesor de educación física, se articula con el sistema de áreas deportivas escolares que desarrolla el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), con el deporte inter escolar y comunitario, y la realización de los juegos escolares municipales, provinciales y nacionales.
En 1963 nacieron los Juegos Escolares Nacionales como eslabón precioso y preciso de atención priorizada a la fundamental cantera estudiantil. En este mismo contexto se desarrolló en Cuba un modelo de enseñanza del deporte conocido como el de Pirámide de Alto Rendimiento, materializado en 17 Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), 14 Escuelas de Superación y Perfeccionamiento Atlético, que suman a más de 40 mil estudiantes. Muchos de los campeones de hoy comenzaron su trayectoria en las EIDE, en las cuales mostraron su talento, y se les introdujo en el llamado “mundo del alto rendimiento” apoyándose en los servicios de ciencia y medicina deportiva.
La necesidad de entrenadores, especialistas y profesores de Educación Física y deportes, fue el hilo conductor para poner en práctica un programa de superación que exigió centros especializados. Así surge primeramente la Escuela de Profesores de Educación Física (EPEF) y luego el Instituto Superior de Cultura Física (ISCF), el que en estos momentos cuenta con una red de facultades y filiales encargadas de la formación y capacitación de los recursos humanos, las investigaciones aplicadas y servicios de extensión universitaria. Para asumir las tareas del deporte y la cultura física, el país ha formado 43 mil licenciados en cultura física, que al sumarse con los de nivel medio superior, llegan a 82 000 profesionales en la rama de la cultura física y el deporte - lo que equivale a 1 por cada 342 habitantes, 64 profesionales por cada uno que existía en 1959. Además la nación ha formado 152 doctores en ciencia de la cultura física y el deporte y 587 con la categoría de máster (Víctor Joaquín Ortega: El gran salto de las lides del músculo. Taller Historia de la Revolución Cubana, Unión Nacional de Historiadores, La Habana, abril del 2008).

Los resultados internacionales

Los resultados son concretos y objetivos. Antes del triunfo revolucionario de 1959, Cuba participó en siete Juegos Olímpicos por medio de 114 deportistas y la conquista de 14 medallas, de estas cinco de oro. En ese periodo de más de 50 años la Isla solo inscribió a una mujer, sin galardón alguno, que lo hizo en 80 metros con vallas, en Melbourne’56 (Miguel Hernández: Unas 50 cubanas competirán en Beijing, Granma, La Habana, 29 de junio del 2008). Después de 1959, entre los Juegos de Roma-60 y Atenas’04, con la excepción de Los Angeles’84 y Seúl’88 a los que no asistimos, se cuentan 10 participaciones cubanas, con 1 433 atletas, 334 féminas, el logro de 158 metales con 60 de oro, además de la privilegiada inclusión entre los 10 primeros del cuadro de países desde Montreal’76.
Hay logros deportivos que solo la Revolución ha hecho posible, y el más humanista de todos, es el del posibilitar la práctica deportiva y la cultura física a las personas discapacitadas. Fue colosal la proeza de los atletas discapacitados en el 2007. Hasta 130 se elevó el número de preseas ganadas por ellos en competencias internacionales, lo cual constituye la cosecha más elevada lograda en un año por ese sector. Sobresalieron sus actuaciones en los Juegos Mundiales para Ciegos y los Parapanamericanos, ambos celebrados en Brasil, los Panamericanos para Sordos, que tuvieron lugar en Venezuela, y la Olimpiada Especial para Atletas con Discapacidad Intelectual, efectuada en China. Solo un ejemplo de la hazaña: en los Parapanamericanos alcanzaron 28 doradas, 21 de plata y 11 de bronce, participando solo en cinco de los 10 deportes convocados para superar por mucho la anterior cita del 2003 (Oscar Sánchez: Deporte: el 2008 puede y debe ser mejor, Granma, Ciudad de La Habana, 3 de enero de 2008 ).
En general Cuba está ubicada desde hace más de tres décadas entre los 10-11 mejores países del mundo, en el campo del deporte mundial, y ocupa los primeros lugares en el hemisferio americano y la zona de Centroamérica y el Caribe. El país tiene en toda la Ibero América, la segunda tasa en por ciento, por la cantidad de medallas alcanzadas en Juegos Olímpicos, en relación con la cantidad de habitantes, a razón de 2,52 por cada cien mil habitantes. Es alentador también el 0,556 por ciento que presenta, en relación con la cantidad de medallas obtenidas por la cantidad de trabajadores existentes en la isla.
Al analizar estos resultados observamos como nuestro país, se ha convertido en la principal potencia deportiva de América Latina y la segunda del llamado Tercer Mundo, solamente superada por China. Nos percatamos además, de como nuestra nación, pasó de ser un país con escasos resultados deportivos, antes de 1959, a un ejemplo de lo que puede hacer un pequeño Estado, cuando coloca en manos del pueblo lo más genuino, auténtico y capacitado de su conocimiento. En tales avances es justo destacar el apoyo recibido, en los primeros años, por técnicos y especialistas de los antiguos países socialistas, que contribuyeron, en gran medida, al logro de estas metas y a la formación de nuestros entrenadores, profesores y especialistas (Joel Ernesto Granda Dihigo: El deporte en Cuba: expresión de un modo de vida, Universidad de La Habana, La Habana, 2003). Pero los resultados en olimpiadas, campeonatos mundiales, panamericanos centroamericanos y otros - de 600 eventos en el 2007-, es solo un indicador tras el que está un maravilloso sistema de desarrollo físico y ético, de sana recreación. Sin este sistema no existirían los resultados señalados.
Los logros del movimiento deportivo cubano tienen un unánime reconocimiento en la comunidad internacional. Cuba participa en numerosas asociaciones deportivas en las que defiende diversas iniciativas y estrategias para el desarrollo del deporte regional y mundial. En octubre del 2007, fue elegida por unanimidad, como integrante del Comité Intergubernamental para la Educación Física y el Deporte de la UNESCO, durante la 34 Conferencia General del importante organismo de Naciones Unidas.

El sistema del deporte socialista

La Educación física es obligatoria en todos los niveles del sistema educacional, además es masiva y gratuita para toda la población. El ejercicio físico se asume también como parte del desarrollo del Sistema de Salud. Además de la educación física escolarizada, hay 4.2 millones de cubanos que practican deportes sistemáticamente, por propia iniciativa, lo que en conjunto representa un 60 por ciento de la población, y alrededor de seis millones de cubanos y cubanas de todas las edades. Los resultados deportivos cubanos son también una expresión de la abnegada labor del movimiento de activistas voluntarios al que contribuyen más de 112 000 personas en el país
En el país existe una constante promoción de la competitividad y la fraternidad deportiva. El deporte fomenta un clima de sano debate, en que juega un papel muy significativo un periodismo deportivo ágil y profundo, conocedor, creativo y honesto.
Desde los juegos escolares y juveniles, se accede al deporte de alto rendimiento, y este sistema no es privativo solo para campeones y líderes deportivos, a su vez se abre y multiplica en centenares de competiciones que en las escuelas, centros de trabajo y barrios, y estimula el ejercicio organizado de la actividad deportiva y la cultura física. De la práctica de toda la población en los programas de educación física y deportes surgen los campeones. De esta masividad crece la calidad, y sobre todo, los valores humanistas del deporte socialista. En el país existen más de 11523 instalaciones deportivas -12 instalaciones nuevas por cada una existente en 1959-, lo que le permite al pueblo cubano a acceder a todas las formas posibles de prácticas deportivas.
El movimiento deportivo tiene a partir del trabajo de las comisiones de educación física a nivel municipal y provincial, el universo de la cultura masiva. Para buscar a los futuros campeones, cuenta con una selección de los más rápidos, más flexibles y otros de los más singulares por capacidades motrices. Esta puede ser una labor muy seria, o convertirse en un hacer esquemático e insuficiente, para su triunfo resulta fundamental el trabajo en la base del profesor de educación física y el entusiasta apoyo de los activistas deportivos, de los directivos escolares, los dirigentes territoriales y barriales del poder popular y las organizaciones de masas.
El país se asume libre de la utilización de drogas, fármacos Y sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento, y trabaja contra el erróneo criterio de obtener medallas y títulos, utilizando estas fraudulentas y peligrosas vías, que atentan contra la salud y vida de los atletas y violan los principios del decoro y la honestidad deportivos. Para fortalece esta labor se puso en funcionamiento el Laboratorio Antidoping de La Habana, de reconocida calidad. Durante el 2007, la prioridad otorgada al trabajo profiláctico de entrenadores, especialistas y atletas, dio por resultado la no manifestación de ningún hecho de dopaje entre nuestros atletas participantes en competencias nacionales e internacionales.

A pesar del imperio

Y el 2007 no fue la excepción, el deporte continuó siendo blanco de la absurda y cruel política de Estados Unidos hacia Cuba. Washington continuó obstaculizando la asistencia cubana a certámenes en suelo estadounidense, impidió la participación de los ciclistas norteamericanos en la Vuelta a Cuba y le prohibió al presidente de la Federación Internacional de Softbol, además, miembro del Comité Olímpico Internacional, visitar a la mayor de las Antillas.
Sin embargo, el movimiento deportivo nacional continuó robusteciéndose desde sus principios solidarios y firmó acuerdos en el 2007 con 15 países, entre ellos India, Ecuador, Eritrea, Uruguay, Indonesia, China, Ucrania, Santa Lucia, Noruega y Panamá; participó en más de 150 reuniones internacionales con sus federativos, mientras presta su colaboración en más de 50 naciones.
La Escuela Internacional de Educación Física y Deporte (EIEFD), ha graduado 1 200 los diplomados de 71 países del Tercer Mundo que contribuyen al desarrollo del deporte y la calidad de vida en esos pueblos. Estos jóvenes han sido protagonistas de una nueva pedagogía, la del carácter multinacional y armónico de la formación de profesionales, cuyo reto es conciliar culturas, modos de actuar, formas de aprendizaje, desniveles académicos y educativos. Se cumplen así los objetivos que Fidel expresara en su inauguración el 23 de febrero de 2001: "La escuela, más que un centro de estudio, es un punto de apoyo al desarrollo del movimiento deportivo de los países del Tercer Mundo, fundamentalmente a los del continente americano" (Fidel Castro Ruz: Discurso en el acto de fundación de la Escuela Internacional de Educación Física y Deportes, Granma, Ciudad de La Habana, 26 de febrero del 2001).

Las dificultades

El deporte revolucionario ha emprendido la solución de no pocas problemáticas pendientes de solución, las que se acumularon durante el período especial, y las que son el lastre de problemas viejos no atendidos o no resueltos certeramente, y también de nuevos retos. El deporte cubano debe crecerse frente a las insuficiencias y el burocratismo que existen a nivel directivo, tanto en el INDER, como en algunos gobiernos provinciales y territoriales.
Con esfuerzo la red de instalaciones y servicios deportivos comienza a salir del fuerte deterioro del período especial. Se han reparado más de 1925 instalaciones y se han iluminado 936. En este sentido es vital la explotación óptima de las instalaciones. Es un hecho injustificable, verlas vacías los fines de semana.
Avanza la recuperación de la industria deportiva y lo que ello representa como soporte material del deporte masivo y de alto rendimiento. Se han abierto 240 sedes universitarias en el país para al formación de licenciados en educación física, y marcha un importante programa de recuperación de las EIDE, También se labora en el fortalecimiento de la capacidad organizativa, y de las vías de autofinanciamiento, el debate de las dificultades de unas y otras especialidades en el contexto territorial, en la labor con las nuevas generaciones y la población en general.
En el 2007 se constató un salto cualitativo en cuanto al respaldo al trabajo de los profesores de educación física, tanto material como docentemente, pero quedan dos temas pendientes en su radio de acción. La primera: es que urge que este docente, recupere su condición de líder dentro del colectivo estudiantil y escolar, tanto para impulsar el desarrollo de la educación, la cultura física y la recreación en nuestras escuelas y barrios, como para cumplir la tarea de descubrir el talento, y encaminarlo a su desarrollo. El segundo tema se refiere a que todavía hay deudas con las competencias de corta duración en la base, entre las propias escuelas y dentro de ellas, como fuente de formación integral y también para hallar aptitudes y actitudes de cara a las más diversas modalidades deportivas.
Un balance general del deporte en la Cuba de hoy, no puede eludir junto a todos sus notables resultados , que se manifiestan insuficiencias y hechos negativos cuya atención reclaman de urgente trabajo, y su trascendencia rebase al propio Instituto de deportes, para inscribirse como tareas de todas y todos los ciudadanos. En el sector del deporte, hemos perdido batallas frente a la gratuidad sin acompañamiento de responsabilidad, disciplina, control y exigencia, en el poner coto a desordenes, despilfarros, vandalismos y robos, en los que sobre todo, ha faltado cultura y compromiso ciudadano, y donde la combatividad que manifestamos hacia otros campos de la lucha revolucionaria, se ha trastocado en apatía y en dejar hacer a los antisociales y corruptos.
A las nuevas reparaciones e inversiones, hay que añadir la evaluación y el debate dentro y fuera del INDER, a escala social, por la prensa y los medios masivos, con las organizaciones de estudiante, jóvenes, mujeres y pobladores, sobre el propio proyecto del deporte socialista, y la responsabilidad que con el tenemos todos los cubanos y cubanas. Desafortunadamente, la alerta del periódico Granma sobre el deterioro y saqueo del patrimonio del Museo del Deporte, no es un hecho fortuito. Vivo solo a unas cuadras de lo que fuera una bella instalación deportiva, remozada para los Panamericanos de 1991 al costo de varios miles de dólares, perdida –prácticamente destruida y saqueada-, frente a la despreocupación y la irresponsabilidad, ante los ojos de todos los pobladores, de los revolucionarios, de gobernantes y gobernados: ¿Podemos reparar allí sin antes determinar responsabilidades de las instituciones gubernamentales y sus cuadros y hacerlas públicas, con claro sentido correctivo y educativo? ¿Sin llamar a la vergüenza colectiva, al autocrítico compromiso del barrio? ¿Sin reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos cada uno de los que por allí vivimos, en lo que ha ocurrido, en lo que no podemos permitir?
Los vacíos en la oferta deportiva de masas, en medio de las indeseadas desigualdades, la incorporación de relaciones de mercado, las presiones económicas que pesan sobre el nivel de vida de maestros y profesores de educación física, y el surgimiento de sujetos protocapitalistas, ha traído como consecuencia, la proliferación de gimnasios y otras variantes de atención privada, por cuyos servicios se cobra a aquellos sectores de la población con poder adquisitivo para hacerlo. Estas manifestaciones, hay que verlas en su dimensión corrosiva: Crece la simiente de la cultura física y la recreación rentada. De nosotros depende ser capaces de cortar a tiempo esta solución individualista, y hacerlo, más que con las medidas legales que existen y no aplicamos, con la promoción de soluciones socialistas concretas, la persuasión y el debate ideológico. Las ideas justas, la razón, están de nuestra parte.

El deporte de alto rendimiento

El deporte de alto rendimiento es un resultado del sistema nacional de educación y de la amplia masividad que se extiende por toda la geografía y el tejido social de la nación. Los ases influyen en la masividad, la impulsan, es más, llenan de dicha al país, aumentan la autoestima, la dignidad, la identidad nacional. Sin embargo, la bases de decenas de miles de atletas en las escuelas, centros de trabajo y barrios, es lo fundamental: sin ellas, no se pudiera sustentar el alto rendimiento. Se trata de una dialéctica sustantiva: No solo porque conforma la cantera magnífica del alto rendimiento sino- y es lo principal- porque la cultura física tiene como tarea fundamental, la de forjar a escala social, de seres humanos con superior voluntad, colectivismo, respeto al prójimo, en fin, con mayor cantidad de virtudes que defectos en el cuerpo y en el alma (Víctor Joaquín Ortega: Ob cit). Y aquí radica la definitiva diferencia:
Al capitalismo prevaleciente en el mundo, no le interesa la masividad en la práctica del deporte. Trabaja para la masividad en el consumo y sobre todo la compra de los espectáculos deportivos. Sus campeones son la resultante de una doble y triple exclusión: De la clasista que permite acceder solo a los que posen la posibilidad económica. Y desde esta, separa a los talentos, y los somete al aislamiento del “sistema de estrellas”, necesariamente comercial. Mientras, los mercaderes “cazatalentos” se aventuran en las zonas de pobreza, para comprar músculos y huesos prodigiosos, separando los cuerpos de sus entornos, “blanqueándolos” y aburguesándolos con las prebendas de los institutos, universidades y clubes de las burguesías.
Cuba país pequeño, pobre y bloqueado no renuncia a trabajar para la mayoría, y siempre con ella, potenciar a los mejores. El mundo capitalista inmensamente rico, tecnológicamente desarrollado, sin bloqueo alguno, se concentra en la minoría, en sus clases privilegiadas, y desde ella proyecta y crea el círculo exclusivo del alto rendimiento.
La Revolución Científico Técnica llevada al deporte, implica para un país en las condiciones y circunstancias de Cuba, el acceder a tecnologías, implementos, medios y entrenamientos cada vez más costosos. La sofisticación es tal, que hay deportes cuya práctica de alto rendimiento, comienza a ser prohibitiva, para muchas naciones, y solo deja espacio para un deporte de élite, que por demás se construye como negocio espectáculo con capacidad de venta, para deducir los costos y proporcionar determinada cuota de rentabilidad. Hay países que bajo tal esquema han invertido y hoy presentan atletas y equipos mucho más preparados en uno u otra especialidad.
Fenómenos como la desintegración de la URSS, la partición de Checoslovaquia y el desmembramiento de Yugoslavia, han hecho arribar al mundo competitivo nuevos países, con la sólida tradición y cultura deportiva que en ellos desarrolló el socialismo. Las llamadas nuevas potencias emergentes, en particular China, India y Brasil, también se han incorporado con nuevas fortalezas a la disputa olímpica y mundial. Basta mencionar que en los últimos cinco Juegos Olímpicos la cifra de siete medallas de oro por un país, ha ido en crecimiento; En Seúl solo fueron 7 las naciones que lo lograron, en Barcelona 9, Atlanta 10, Sydney 13 y en Atenas 14.
En las competencias deportivas mundiales, por las causas señaladas, se ha producido un salto de nivel. No vivimos hoy las mismas circunstancias de la época en que llegamos a ocupar relativamente pronto el primer lugar del mundo en medallas de oro por habitante, y por supuesto que eso no volverá a repetirse, ha señalado oportunamente el propio Fidel Castro (Fidel Castro Ruz: Para el honor, Medalla de Oro. Reflexiones del compañero Fidel, Granma, Ciudad de la Habana, 26 de agosto de 2008).
El actual escenario que se abre para nuestros deportistas en competiciones internacionales, es mucho más riguroso y complejo, que hace solo unos años atrás. Nunca podríamos disponer del nivel tecnológico de las instalaciones y equipos de diversa índole, ni de los climas variados de que disponen los deportistas que se preparan en los centros de entrenamientos que sustentan los países desarrollados y sus agencias y organizaciones. El nivel y la exigencia en las competiciones internacionales crecen también al aumentar el selecto grupo de países que pueden alcanzar lauros.
La mundialización del deporte, que marcha bajo los carriles del capitalismo transnacional, amenaza al deporte como actividad cultural. El mercado inunda el deporte y lo prostituye. Hay un abrupto y desmedido crecimiento del deporte profesional sobre el amateur. El deporte amateur se encadena a la comercialización, por la vía de la publicidad -las promociones de marcas y productos-, los grandes espectáculos y su producción para la televisión y el vídeo. Precisamente la disyuntiva hoy se dirime entre el profesionalismo y la mercantilización, frente a la defensa del deporte como derecho de los pueblos y expresión de su desarrollo integral. Junto a las mafias de cuello blanco de las grandes corporaciones transnacionales dedicadas al negocio deportivo, coexisten sus coasociados de los grupos criminales, que cada vez corrompen más el movimiento olímpico internacional, compran directivos y árbitros y presionan, extorsionan y explotan a los atletas. De la mano de la conversión del deporte en mercancía y el fortalecimiento de las mafias de empresarios, marcha el fraude deportivo -el doping- y el robo de talentos y campeones.
En el contexto de la indetenible corriente migratoria del Sur hambreado hacia el Norte desarrollado, se ha multiplicado en los últimos años la caza de talentos, por parte de las grandes potencias capitalistas. Con la zanahoria de la legalización y nacionalización, los mercaderes del capital logran fortalecer artificialmente sus escuadras deportivas, en detrimento del deporte en los países pobres de donde proceden los migrantes. Así estamos en presencia de una nueva y selectiva trata, donde los esclavos modernos son atados a contratos y cartas de nacionalización. En el caso de Cuba, el país ha sido víctima durante largo tiempo de las operaciones de robo de talentos deportivos.
Las mafias del deporte rentado y de la contrarrevolución, y los servicios de la potencia imperialista que nos agrede, actúan al unísono para propiciar la deserción, sembrar la desconfianza y el desasosiego entre nuestros jóvenes deportistas. En estos últimos años ha arreciado esta actividad con la certeza de que estamos ante operaciones bien aseguradas y coordinadas por nuestros enemigos. El carácter de las acciones no deja lugar a dudas.
Una dirección particular esta en desmembrar y destruir los equipos ya constituidos. Desde hace años se trabaja por captar para el profesionalismo a figuras destacadas de los equipo nacional y juvenil de beisbol y de algunas otras disciplinas, pero ahora la presión se emplea contra los equipos en su conjunto, tal como se produjo en el XXIII Campeonato Mundial Juvenil de Béisbol de Edmonton, Canadá. Acción que sospechosamente se repite con la mayoría de los equipos que salen a cumplir compromisos en el exterior. Hace unos meses, una parte de nuestro equipo masculino de fútbol se dejó arrastrar a la deserción en los Estados Unidos. Se trataba en este caso de jóvenes que en su mayoría recién alcanzaban sus primeros lauros, ninguno era una gran figura con capacidad para ser cotizada de inmediato en los grandes clubes, pero bastaba que practicaran una disciplina donde Cuba trata de despegar.
También se han incrementado las operaciones contra los talentos individuales. A la presión contra el boxeo como especialidad por años codiciada por los mercaderes, se ha unido la labor de robo contra otros deportes de combate, y en general la maldad por reducir al mínimo las posibilidades de triunfo del deporte revolucionario en la arena internacional. En estos últimos dos años ocho potenciales medallistas y campeones olímpicos de boxeo, lucha y judo fueron comprados.
Existe también un rango de problemáticas internas. En el campo del deporte como en otras esferas de realizaciones, no todo es culpa del bloqueo y de la agresividad imperialista. Hay un grupo de factores internos. No soy especialista, pero con frecuencia observo descontento entre los compañeros que trabajan en las áreas académicas del deporte, entre periodistas, entrenadores y atletas. Hay preocupación por la existencia de tendencias al campeonismo y la exaltación desmedida del somatotipo, por la no aplicación certera de la experiencia, la ciencia y la tecnología, y el espacio que se abre al voluntarismo y la subjetividad. Se trata en estos y otros temas, de aspectos donde pueden existir distintos puntos de vista y divergencias puntuales, pero que una mirada integral no puede obviar. Más cuando algunos criterios constituyen consensos de opinión que merecen la máxima atención.
Tengo la impresión de que nuestro deporte de alto rendimiento no ha profundizado debidamente en las causas y condiciones de los reveses e insuficiencias. Después de los Juegos Centro-Caribe de Cartagena en el 2006, donde la cosecha de primeros lugares fue muy inferior a la historia cubana en esos eventos, tras los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro en el 2007, me quedé con ganas de conocer análisis más pormenorizados de lo allí ocurrido. Si estos se realizaron no se divulgaron, ni se pusieron al alcance y la fertilización de la opinión pública. No entendí suficientemente como el cambio generacional llevó al debut en justas continentales a más del 65 por ciento de la comitiva panamericana: ¿Sería este el escalonamiento más racional entre las figuras consagradas y nuestro abundante y joven relevo. ¿La renovación casi completa de un equipo, no dice de falta de previsión en quienes tienen la responsabilidad de preparar el relevo?
Tampoco se trata de centrarse solo en el aspecto propiamente técnico, temas como el de la solución de insuficiencias en la base material de entrenamiento y en las condiciones de vida de los atletas deben analizarse. Cuba tendrá que suplir con inteligencia y coraje la falta de costosos y sofisticados equipos, pero no puede renunciar a la excelencia en lo que posee. No se puede justificar que en vísperas de los Juegos Olímpicos existieran en los centros de entrenamiento de la élite deportiva cubana, alojamientos necesitados de remozamiento, problemas en los fosos de caída en el centro de gimnasia o deterioro en algunos puntos del estadio en que entrenaba el equipo olímpico, tal como pudo constar la Comisión de Salud y Deportes del parlamento cubano en su visita de julio pasado, a los centros Giraldo Córdova Cardín, Cerro Pelado y el estadio Panamericano.

Beijing

Más de 150 atletas de nuestra pequeña isla participaron en la Olimpiada de 2008 y dieron una lucida y valiente batalla en 16 de los 28 deportes en que allí se compitió. Fidel Castro ha precisado que “los atletas cubanos que compitieron en Beijing y en vez de oro trajeron plata, bronce o un lugar destacado en las competencias, tienen un enorme mérito como representantes del deporte amateur que dio origen al resurgimiento del movimiento olímpico. Son ejemplos insuperables en el mundo” (Fidel Castro Ruz: Para el honor, Medalla de Oro. Reflexiones del compañero Fidel, Granma, Ciudad de la Habana, 26 de agosto de 2008 ), y con ello sintetizó el sentir de su pueblo.
En Beijing, Cuba además compartió como suyos los éxitos de otros 18 colaboradores deportivos cubanos que concurrieron a la cita en funciones de entrenadores, fisioterapeutas y médicos de 14 naciones, en otra muestra de que lo más importante es hacer del deporte un derecho de la gente, no una mercancía. Otros dos de los púgiles que se proclamaron campeones en la lid china, fueron preparados por representantes de la escuela cubana.
Sentimos como nuestras las 17 medallas de oro de Latinoamérica y el Caribe. Celebramos el triunfo de los velocistas jamaicanos, que obtuvieron 6 medallas de oro y colcaron a su país entre los primeros del mundo; del boxeador dominicano con medalla de oro, de las voleibolistas brasileñas que vencieron arrolladoramente al equipo de Estados Unidos y ganaron la primacía. Todos nos emocionamos con el saltador panameño que minutos después de ser proclamado campeón, recordó a sus entrenadores y amigos de la Mayor de las Antillas.
Los recién finalizados Juegos Olímpicos confirman las tendencias que se dan en el deporte mundial. Han sido los de más nivel en toda la historia olímpica: 87 naciones de las 204 participantes ocuparon puestos en el medallero , 55 de ellas consiguieron llegar a lo más alto del podio, cifras inéditas hasta el presente, también lo son los 43 récords mundiales implantados y los 120 olímpicos. Esta es razón suficiente que engrandece el valor de nuestras 24 medallas (dos de oro, once de plata e igual cantidad de bronce). Téngase en cuenta que solo 11 naciones, por supuesto las más ricas de este desigual planeta, pudieron alcanzar una cifra superior.
Una mirada a la tabla final de posiciones y el segmento de los diez primeros en la Olimpiada de Beijing, se parece más a una reunión del G-8, que a una competencia deportiva (Oscar Sánchez: Beijing nos convoca, Granma, Ciudad de La Habana, 26 de agosto de 2008) . El encomiable esfuerzo de la República Popular China no pudo evitar –era la único que no estaba en sus posibilidades-, que gravitara contra la brillantes del evento, el fraude del doping y las inconsecuencias y corruptelas en no pocas decisiones del arbitraje. Y que viéramos el triste espectáculo, de quienes compiten en las escuadras de las potencias que desprecian a sus pueblos.
Cuba acudió a Beijing por una meta que sí era posible, aunque muy difícil. A inicios del 2008 se apreciaba que unos diez deportes -luego la expectativa se amplió a trece-, teníamos fundadas esperanzas para conseguir al menos un título de campeón. Sin embargo solo alcanzamos dos títulos y el deporte cubano no pudo cumplir su propósito de ubicarse entre los primeros 14 países, tal y como había venido sucediendo desde la edición de Munich, en 1972.
En total alcanzamos tres preseas menos que en la última cita de Atenas y nuestra efectividad en la conquista de primeros lugares fue la más baja en la historia de las últimas citas olímpicas. Un repaso a las decisiones cubanas de los puestos uno y dos desde Munich-1972 hasta Beijing-2008 así los confirman: En Munich-1972 disputamos cuatro metales dorados y alcanzamos tres; Montreal (de 10-6); Moscú (de 15-8); Barcelona (de 20-14); Atlanta (de 17-9); Sydney (de 22-11); Atenas (de 16-9) y Beijing (de 13-2).
El revés deportivo en la Olimpiada de Beijing debe ser motivo de análisis, en primer lugar de nuestros valerosos deportistas, sus entrenadores, y directivos y de inmediato abrirse al saber del movimiento deportivo nacional, de los ex atletas, profesores e investigadores, deportistas y periodistas especializados. Mirada que busque también las opiniones de nuestro culto y sabio pueblo. Los resultados en la Olimpiada, más allá del esfuerzo realizado, no son ajenos a los problemas subjetivos que se han ido acumulando en la concepción y atención al deporte de alto rendimiento.
Los que apreciamos el magnífico espectáculo deportivo –privilegio de los cubanos y cubanas que tuvimos una de las coberturas más completas y profesionales de las realizadas desde la capital de la República Popular China- nos percatamos hasta la saciedad de lo que oportunamente alertó a dos meses de los juegos Enrique Montesinos, en enjundioso trabajo sobre las posibilidades del atletismo cubano, publicado en el periódico Granma: “Los rivales de Cuba no tendrán iguales motivaciones, pero sí gran voluntad y talento en la mayoría de los casos y casi siempre mejores condiciones de preparación”. Un aspecto que de seguro no podrá obviarse en las evaluaciones es al que se refería el citado artículo, sobre el trabajo multidisciplinario que hay que tejer para que nuestros talentos deportivos puedan concretar el máximo rendimiento en el momento indicado, ni antes ni después (Enrique Montesinos: Vísteme despacio, para llegar de prisa, Granma, 27 de junio del 2008).
En uno de los primeros juicios publicados después de concluidas las Olimpiadas, Oscar Sánchez apunto en la misma dirección de Montesinos: Preparación física, técnica, táctica, teórica y psíquica. Si una sola está ausente o tiene deudas, es decir, si se presenta débil, se frustra la aspiración aunque estemos en presencia de un portento físico o un equipo de todos estrellas. En Beijing hubo claras expresiones de deudas en cada uno de los cinco aspectos de la forma deportiva. A los luchadores se les vio con poco potencial físico; en el orden técnico nuestro encumbrado judo tuvo algunas lagunas visibles; tácticamente el ejemplo del béisbol es elocuente. Nos cambiaron totalmente el pitcheo en ese noveno capítulo por el oro, con las bases llenas, y nos quedamos sin una respuesta, teniéndola a mano; en la esfera teórica, es decir en el conocimiento del escenario de competencia (léase saber del rival, de reglas y arbitraje, de las condiciones o tendencias que están rodeando a ese día de batalla), también mostramos carencias vistas en el taekwondo y otros, y desde el punto de vista psíquico, una prueba fehaciente de insuficiencias fue el voleibol. Son solo ejemplos, no los únicos (Oscar Sánchez: Beijing nos convoca, Granma, Ciudad de La Habana, 26 de agosto de 2008).
En nuestro país la inmensa mayoría de los cubanos y cubanas nos sentimos “peloteros”. Desde antes del finalizar la serie olímpica ya existía un fuerte debate, y ello es muy provechoso para la salud de beisbol. Coincido con Sigfredo Barros sobre el hecho de que ningún equipo que llega a una final en unos Juegos Olímpicos —mucho menos en unos como estos que acaban de finalizar en esta populosa ciudad, con un nivel nunca visto—, puede haberlo hecho jugando mal. De cara al futuro, con el Segundo Clásico Mundial a la vuelta de la esquina, el béisbol cubano debe de sacar conclusiones, pues si perder la Copa del Mundo en Taipei fue un aviso, este nuevo revés es una severa advertencia: hay que mejorar la calidad de nuestra Serie Nacional, revisar nuestros métodos de selección y entrenamiento, alinear con quienes lo estén haciendo mejor y reducir la presión que colocamos todos sobre nuestros peloteros y directores, cuestionados en cada movimiento, en cada decisión (Sigfredo Barros: Más allá del revés, Granma, Ciudad de la Habana, 25 de agosto de 2008).
Pienso que en general hay que reducir la presión que colocamos todos sobre nuestros atletas y entrenadores. Que sientan que lo más importante ya lo tienen, porque poseen la confianza del pueblo y lo representan con honor.
Una nota especial debe recibir el equipo de boxeo, sus entrenadores y directivos. Nos robaron la mitad del equipo, compraron a los titulares, y de lo profundo y fértil del deporte cubano, surgió una hornada de jóvenes y buenos peleadores patriotas. Los vimos dar todo su valor en el ring, les arrebataron con impudicia el color dorado de varias de sus medallas, pero Cuba entera los sabe campeones: ¿Cómo trabaja el boxeo? ¿Qué resortes movilizó para forjar en solo meses una escuadra de primerísimo nivel? ¿Cuál es el camino exacto para no perder esa calidad de base, para superar las lógicas imprecisiones técnicas de nuestros valientes gladiadores? ¿Cuánto puede generalizarse para el conjunto del deporte cubano, a partir de la proeza boxística de Beijing?
La próxima Olimpiada será en Londres en el 2012. Al imperio británico le será muy difícil superar en organización y belleza los juegos de Beijing. De seguro para Cuba va a asistir a un escenario menos solidario, donde continuará la presión de las mejores deportistas del mundo, las excelencias tecnológicas, el mercantilismo y sus excresencias, el robo de talentos; y por todo ello las competencias serán tanto o más duras.
No confío en que en un plazo tan corto el olimpismo que realmente existe, pueda sacudirse de las corruptelas que tiene enquistadas. Nuestros delegados sabrán hacer las denuncias pertinentes en el Comité Olímpico Internacional (COI), la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA) y la Federación Internacional de Taekwondo, pero hay suficientes elementos para pensar que cierto arbitraje, seguirá propenso a venderse. Y nuestros campeones volverán a luchar contra el adversario y el árbitro. El deporte cubano, sus entrenadores y atletas, sin dejarse provocar, con coraje, técnica e incuestionables victorias, serán los encargados de derrotar estas amenazas al deporte cubano y mundial.
Las medallas olímpicas alcanzadas y los lugares de élite mundial obtenidos por muchos de nuestros atletas que no coronaron sus esfuerzos con medallas, son demostrativos de la calidad del deporte cubano. Más allá del lugar que tenemos en el medallero olímpico, el mundo vio a nuestra juventud deportiva animar con pasión la cita olímpica: “Cuba es uno de los países más pequeños de América Latina, pero fue uno de los que ganó más medallas”, subrayaba un titular de la BBCMundo (El secreto cubano, http://news.bbc.co.uk). Los pueblos nos saben una potencia deportiva porque admiran el valor y los resultados de nuestros atletas. Y no será la primera vez que Cuba convierta un revés en una rotunda victoria. Vamos a enfrentarnos a todas las dificultades y hacer un mejor uso de los recursos humanos y materiales de que disponemos. Y no tengo dudas de que el movimiento deportivo cubano continuará con su cosecha de hazañas de músculos, tenacidad, inteligencia y conciencia.

Los desafíos

Un pueblo de vasta historia deportiva debe tener al deporte como una de las principales opciones de recreación, salud y cultura humanista, y esa es una de las más importantes responsabilidades del INDER y el movimiento deportivo, y al propio tiempo todavía es deuda de profesores, técnicos, direcciones municipales y provinciales. Cumplir bien esta misión social se traduce en calidad de vida para la población (Oscar Sánchez: Deporte: el 2008 puede y debe ser mejor, Granma, Ciudad de La Habana, 3 de enero de 2008 ).
La dimensión masiva del deporte y la recreación, con especial énfasis a escala comunitaria, es precisamente uno de los más importantes aspectos que reclama de soluciones, no solo por el estado de unas u otras instalaciones, la falta de implementos y útiles deportivos, sino por el perfeccionamiento de las concepciones y métodos de trabajo de los profesores, instructores promotores y activistas. La necesidad de la integración y la cooperación a nivel comunitario y territorial, entre los sectoriales y direcciones de educación, deportes, cultura, y demás implicados en la promoción de una cultura general integral, se vislumbra como el eje a concretar y perfeccionar en tal esfuerzo.
Los campeones de las olimpiadas y mundiales futuros, los que contribuirán a impulsar los nuevos derroteros del deporte latinoamericano y caribeño, los atletas, profesores y entrenadores están en la maravillosa cantera de nuestro pueblo. Pienso que hay que cuidar más la base de esa pirámide. Hay que repensar las formas y métodos que se emplean en el deporte escolar y juvenil, cambiar junto a los estilos, a los directivos que no sean capaces de alcanzar resultados. La imagen del entrenador, profesor y gestor deportivo deben ser rescatada en su alta responsabilidad social, y evaluar cual es la fórmula más idónea –la posible en nuestras actuales circunstancias económicas- para combinar los estímulos morales y materiales. Debemos trabajar para que el atleta de base, aquel que tiene por honrosa olimpiada la competencia en la escuela, el instituto o la universidad, su centro de trabajo o el barrio, goce de su podio deportivo, reciba el respeto, el cariño y la promoción que merece entre sus conciudadanos.
Se impone un esfuerzo en busca de las más eficaces estrategias económicas, tecnológicas y organizacionales para el deporte de alto rendimiento. Se deben precisar problemáticas sustantivas: ¿Cómo organizar y direccionar mejor, el potencial humano de que disponemos? ¿Dónde invertir mejor los recursos? ¿Qué priorizar si de ciencia y tecnología se trata: qué desarrollamos, qué innovamos? ¿Cuáles son las vías más expeditas para las imprescindibles transferencias tecnológicas?¿Cómo mantener en las nuevas circunstancias los logros alcanzados, con el menor costo y la mayor eficiencia?
El deporte cubano no solo resuelve desafíos técnico deportivos, lo definitivo siempre estará en los retos filosóficos, ideológicos y políticos, que están en el centro del debate contemporáneo sobre el deporte, y en los que una praxis socialista tiene mucho que decir. El flagelo del doping aparece internacionalmente multiplicado, precisamente porque es un resultado de la filosofía del engaño que promociona el capital. El robo de cerebros se base en la cínica máxima capitalista de que todo hombre o mujer tiene un precio en dólares.
Cuba va a seguir siendo objetivo primordial de los mercaderes del deporte. La calidad que alcanzan nuestros deportistas como resultado de nacer y forjarse en un país socialista, poseedor de una inobjetable escuela de formación de atletas, los convierte en una apetecible presa. Y tal cacería de campeones recibirá siempre el estímulo y concurso adicional, de la criminal maquinaria de agresión anticubana, de sus inescrupulosas operaciones contra todo lo que sea demostrativo del avance revolucionario.
Ahí donde tengan cabida el individualismo, la autosuficiencia y la petulancia, el descontento y la desatención; sabrán sembrar los mercaderes y agentes del imperio sus cantos de deserción, sus presiones y extorsiones para el mercenarismo y la traición. Se trata en definitiva de una compleja batalla por el deporte revolucionario, por crear no solo campeones, sino hombres y mujeres con altos valores humanistas y patrióticos. Es un combate contra la filosofía individualista que se sustenta en el mercado y la apostasía.
Se trata de la labor de formación de personalidades humanistas íntegras, que parten del reconocimiento de los valores colectivos y la riqueza de la individuación de las personalidades, se sustenta en la asunción de los valores supremos del humanismo, de la dignificación del bien y la justicia social, el compromiso histórico y la acción solidaria, el patriotismo y el internacionalismo, pasa por triunfo y la aplicación efectiva de las formas de estimulación socialistas, y tiene en el mundo de la relaciones sociales objetivas y concretas, su última, definitiva y constante renovación. Es la definitiva e irrenunciable combate por los atletas de un pueblo saludable, con una sabia asunción de la cultura física y la recreación deportiva.
El elemento disparador de la contradicción fundamental está en que la Revolución Cubana defiende una concepción emancipadora del hombre y su cultura, donde la participación y competitividad internacional no es un fin, sino expresión de la continuidad del trabajo de masas, el disfrute colectivo y la cultura deportiva nacional. Una vez más la confrontación se coloca entre una sociedad con aspiraciones humanas, y otra cuyo interés fundamental es la cosificación del sujeto, su conversión en mercancía, en objeto de compra y venta, de extorsión y explotación capitalista.

Felipe de J. Pérez Cruz

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