domingo, julio 23, 2006

A 30 AÑOS DE LA CAÍDA EN COMBATE DE MARIO ROBERTO SANTUCHO.


El 19 de julio de 1976, en Villa Martelli, provincia de Buenos Aires, cayó en combate contra una fuerza de tareas del Ejército el Secretario General del PRT y Comandante en Jefe del ERP, Mario Roberto Santucho, junto a otros compañeros del PRT: Benito Urteaga, Domingo Menna, Fernando Gertel, Ana María Lanzilloto y Liliana Delfino.
En las últimas décadas se han hecho muchas interpretaciones y lecturas sobre Santucho, sobre sus ideas y sobre su práctica, pero de todo eso queda una sola verdad: que fue un notable dirigente político, un valiente comandante guerrillero, un marxista leninista convencido, un internacionalista, un hombre que fue guevarista sin necesidad de explicar que lo era.
En un artículo de 1974, escribió Santucho:
“En la mayor parte de los países capitalistas latinoamericanos sometidos a la dominación del imperialismo yanqui, los pueblos mantienen una lucha enconada y han acumulado valiosas experiencias revolucionarias. Es cierto que se han sufrido dolorosas derrotas en la mayoría de nuestros países. Pero esas mismas derrotas han sido fuente de profundas reflexiones, de fundamentales aprendizajes, y en el seno de las masas y de sus vanguardias maduran dinámicos elementos que anuncian la generalización de un poderoso auge de luchas revolucionarias en varios de nuestros países, favorecido por la profunda crisis de la economía capitalista latinoamericana. Tal es el marco en que se librará la lucha revolucionaria en nuestra patria, enriquecida y apoyada por el desarrollo paralelo de similares experiencias de nuestros hermanos latinoamericanos. Como San Martín y Bolívar y como el Che, como revolucionarios latinoamericanos, los mejores hijos de nuestro pueblo sabrán hacer honor a nuestras hermosas tradiciones revolucionarias, transitando gloriosamente sin vacilaciones por el triunfal camino de la segunda y definitiva independencia de los pueblos latinoamericanos”.
Aún cuando hizo y puso en práctica autocríticas profundas, Santucho mantuvo siempre el objetivo explícito de terminar con el poder burgués y su democracia liberal capitalista para construir un poder revolucionario socialista.
En nuestra convocatoria a este acto señalamos a los presidentes civiles y militares que desde 1974 dirigieron políticamente a la Argentina: Isabel Martínez, Jorge Videla, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri, Reynaldo Bignone, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Lejos estamos de hacer una simplificación torpe, diciendo que fueron o son todos lo mismo.
Sin embargo, todos ellos tienen algo muy profundo en común, que es el sistema económico, filosófico, político que defienden y, cada uno a su modo y en circunstancias históricas diferentes, han administrado.
Hay quienes desde la postura oportunista y en el mejor de los casos ingenua de los oráculos, suelen decir que si Santucho no hubiera muerto habría hecho esto o aquello, se habría adecuado a las nuevas condiciones del mundo, habría cambiado sus ideas.
Nosotros no pretendemos decir lo que hubiese hecho Santucho en caso de no haber muerto, y ni siquiera estamos homenajeando su muerte heroica. Nosotros queremos homenajear su vida, y lo que hizo en ella.
Precisamente porque eso es lo que sí sabemos sobre Santucho: que denunció al populismo y al reformismo durante el período democrático previo a la dictadura iniciada en 1976; que se opuso con tenacidad a las políticas antipopulares de Juan Perón y a su esposa Isabel en ese mismo período; que combatió al capitalismo con todos los métodos de lucha, tanto en su versión militarizada como las de los generales Onganía, Levingston, Lanusse y Videla, como en su versión civil, Juan Perón e Isabel Martínez; que construyó una organización revolucionaria (el PRT – ERP) y persistió en el combate hasta caer combatiendo.
Y que uno de sus objetivos centrales fue siempre la unidad de los revolucionarios, tanto a nivel nacional como en toda América, algo que reconoció sinceramente Rodolfo Puiggrós cuando el 19 de julio de 1977, en México, dijo en un acto en su homenaje: “Santucho nos dejó un ejemplo que perdurará a través de los siglos. El ejemplo de los revolucionarios auténticos, de los que se entregan a su causa con pasión integral, de los que no miden los riesgos, ni esperan que otros se jueguen por ellos en nombre de una falsa superioridad intelectual. Santucho creyó en la unidad de la teoría y la práctica, y si entre nosotros pudo haber diferencias tácticas o hasta ideológicas, no existen fronteras que nos separen en la guerra contra el enemigo común. Las únicas fronteras son las que aíslan a los oportunistas, a los acomodaticios y a los especuladores”.
Las razones por las que Santucho hizo lo que hizo durante su vida, están indudablemente vigentes en América latina.
En nuestro país, Néstor Kirchner administra el estado capitalista y proimperialista tal como lo ha recibido. No hubo cambios de fondo en los últimos 3 años. No es casualidad que su gabinete esté conformado como está, ni que el clientelismo político y la corrupción sea un rasgo de la estructura que maneja desde la presidencia. Tampoco es un dato menor la persecución judicial a miles de compañeros que están presos o procesados por mantener una postura digna ante la continuidad de las políticas explotadoras del gobierno encabezado por Kirchner.
La presencia de tropas argentinas en Haití para sostener la política imperial de los Estados Unidos en el Caribe y la recepción en el Edificio Libertador al general de brigada Purl Ken Keen, jefe del Ejército Sur de los Estados Unidos, por parte del general Roberto Bendini el pasado 29 de junio, son señales claras del tipo de política exterior del gobierno actual en materia militar.
En lo que hace a política económica exterior, el pago de la deuda externa fraudulenta contraída por Martínez de Hoz y aumentada por sus sucesores, se realizó con el dinero de un pueblo hambreado.
Quienes dicen que el país está mejor que hace 3 años pueden esgrimir como argumento solamente los fríos números de la macroeconomía y el poder adquisitivo de una parte de la llamada clase media para arriba.
Pero siguiendo el ejemplo de Santucho no es eso lo que nosotros buscamos: queremos más, pretendemos más, los argentinos merecemos más.
No queremos el capitalismo, no queremos la opresión imperialista, no queremos hambreados y excluidos, no queremos corrupción ni represiones al pueblo.
Nosotros no creemos en la aparente “libertad" de elegir cada 4 años quién será el encargado de administrar la miseria en Argentina o en cualquier otro país.
Y si realmente queremos ganarnos el futuro, que no consiste en un aumento salarial menor cada tanto que ya fue previamente superado por la inflación, en bolsas de comida, en planes miserables, en las migajas de un banquete ajeno, tenemos que seguir pensando que hay que ir por todo, de la manera en que se pueda, de la manera que sea necesario.
Aprender de los errores cometidos en las luchas pasadas es imprescindible, pero no para caer en nuevos errores.
Esos que nos han señalado en los últimos 23 años: que no se puede, que no se debe, que "pobres hubo siempre e injusticias también", que los que luchábamos estábamos equivocados, cuando en realidad, si hay un error que no cometimos es el de no habernos rendido ante la evidencia brutal de un capitalismo que siempre fue salvaje y que sigue siendo el centro de las injusticias de todo tipo.
Hoy, cuando algunos quieren darle a la vida y a la lucha de Santucho un carácter romántico despojado de política y de ideología, como se pretende hacer desde hace décadas con Ernesto Guevara, resulta imprescindible recordar que seguir el ejemplo de Santucho no es intentar la modificación parcial de un sistema, sino cambiarlo de raíz por otro distinto, completamente diferente.
Ese objetivo sólo es posible de alcanzar estableciendo un hilo conductor entre el pasado y el presente y proyectarlo hacia el futuro.
Estamos convencidos de que entre las luchas contemporáneas a Santucho y las actuales hay claros puntos de encuentro.
Los alevosos asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en Puente Pueyrredón en el contexto de una masiva movilización, tienen un correlato con el asesinato en 1967 de la cocinera de ollas populares de la Federación Obrera Tucumana de Ia Industria Azucarera (FOTIA), Hilda Guerrero de Molina, en el marco de un enfrentamiento con las fuerzas represivas que fue liderado por los obreros del Ingenio San José. El método usado por la policía bonaerense conducida políticamente por Eduardo Duhalde y los capitanejos del PJ de Buenos Aires aquel 26 de junio en el Puente Pueyrredón, fue el mismo que utilizó la policía cordobesa cuando mató al obrero y estudiante Santiago Pampillón en Córdoba en 1966.
Los pobladores de Cutral Có, que comenzaron a mostrar que los excluidos podían organizarse y tomar las rutas y las calles para enfrentar un sistema injusto, tienen también un precedente en los obreros y estudiantes que ganaron las calles de Rosario e iniciaron el Rosariazo, donde cayeron asesinados el obrero Luis Blanco y el estudiante Adolfo Bello.
Esa resistencia tenaz es lo que expresó el pueblo de Las Heras, encabezado por los trabajadores petroleros, cuando se opuso con justa furia a los planes de las multinacionales y sus socios oficialistas, como en otras épocas lo hicieron los protagonistas del Rocazo en Río Negro.
Las sublevaciones populares del 20 y 21 de diciembre de 2001, en las que cayeron 30 compañeros, entre ellos Carlos Almirón, tuvo su antecedente cuando los trabajadores argentinos le doblaron el brazo al gobierno de Isabel en 1975 durante los episodios conocidos como “el Rodrigazo”, que obligó también a las burocracias sindicales a abstenerse de negociar un plan económico antipopular.
La movilización contra Bush en Mar del Plata,a su vez, fue un repudio al imperialismo norteamericano, similar a otros del pasado, como el de la visita de Clinton en 1997 y los ataques a 15 locales de supermercados Mínimas pertenecientes a Rockefeller, días antes de su llegada a Buenos Aires.
Esa continuidad histórica es lo que expresan todas y cada una de las luchas políticas y reivindicativas que llevan hoy a diario los argentinos, continuidad histórica también de las ideas de Santucho integrada por las huelgas y movilizaciones de los obreros y trabajadores en general, quienes siguen siendo la punta de lanza de una revolución inconclusa, y a quienes se sumaron en los últimos años los desocupados, los piqueteros que quieren volver a la producción para encarar desde sus propios puestos de trabajo el camino hacia una sociedad justa, hacia una sociedad socialista.
En esos términos, la unidad de los revolucionarios tantas veces reclamada y trabajada por Santucho, se convierte en un desafío hacia el futuro, imprescindible para alcanzar una victoria popular contra los enemigos de siempre, que abra paso a la definitiva independencia de la Argentina y a la construcción de una sociedad socialista.

A 30 AÑOS DE SU CAÍDA EN COMBATE....COMANDANTE SANTUCHO...¡PRESENTE!

POR LA UNIDAD DE LOS REVOLUCIONARIOS, LA CLASE OBRERA Y EL PUEBLO EN ARGENTINA Y EN TODA AMÉRICA LATINA

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