martes, septiembre 19, 2017

Acuerdo de Camp David: Letra muerta para la autodeterminación Palestina



El 17 de septiembre de 1978 en Camp David (EEUU) se firman dos acuerdos entre Egipto, el Estado de Israel; y EEUU supervisando y mediando entre las partes. Uno sobre la paz entre Egipto e Israel; otro sobre la autonomía palestina.

Luego de 12 días de negociaciones entre las delegaciones egipcias e israelíes, con la intermediación y supervisión de Jimmy Carter, en aquel entonces presidente demócrata de los Estados Unidos, el presidente egipcio Muhamad Anwar al Sadat y el primer ministro del Estado de Israel, Menahem Begin, se firman dos acuerdos, claro que uno de ellos era sobre la parte no invitada a esas negociaciones: los palestinos.
Egipto era el país con más preeminencia sobre los demás países árabes de la región que mantenía una larga disputa con Israel luego de que en la Guerra de los 6 días, en 1967, éste se apoderó de la Península del Sinaí (territorio egipcio), los Altos del Golán (Siria), además de apropiarse de Jerusalén Oriental, la Franja de Gaza y Cisjordania. Seis años después se enfrenta en la guerra de Yon Kipur (1973), donde una coalición con Siria obliga por primera vez a una defensa desesperada de las tropas israelíes, que finalmente hacen retroceder a las tropas árabes, pero a costa de muchísimas bajas.
Todos estos enfrentamientos con el Estado sionista llevaron a Egipto a volcar gran parte de sus recursos económicos a su maquinaria militar, por lo cual estaba necesitado de una inyección de dólares para su economía interna, cuestión que podía provenir de EEUU, el promotor y aliado estratégico de Israel en la región.
Esta necesidad económica y a la vez haber sido el líder de aquella coalición convirtieron a Egipto en un interlocutor válido tanto para el Estado de Israel como para el gobierno de Carter. Al Sadat, sucesor del general nacionalista Gamal Abdel Nasser, comprende muy bien esa situación y un año antes de Camp David, viaja a Israel para hablar en la knesset (parlamento israelí) sobre la posibilidad de arribar a un acuerdo.
Claro que esto tenía un precio que Al Sadat estuvo muy dispuesto a pagar. Con la firma de esos acuerdos Egipto se convierte en el primer Estado árabe en reconocer al Estado de Israel. Algo que para las masas árabes y en particular para los palestinos, constituyó una traición para la causa de su liberación.

Los acuerdos de Camp David (o vendiendo humo)

El método establecido para las conversaciones sobre la posibilidad de arribar a un acuerdo, era que las dos delegaciones, israelíes y egipcios, no se cruzaran. Obviamente eran los representantes del gobierno norteamericano quienes llevaban y traían noticias, consideraciones, asentimientos y negativas de ambos países. Este inusual método permitía que Jimmy Carter y Cyrus Vance, su secretario de Estado (un defensor de la guerra de Vietnam), pudieran maniobrar a la delegación egipcia y adelantarle a los israelíes cuestiones confiadas por aquellos al presidente de los EEUU, lo que claramente hacía correr con ventaja a la delegación sionista de Camp David.
Unos días antes de la firma del acuerdo, las negociaciones estuvieron a punto de romperse por la negativa del Israel a retirar sus bases militares de la península del Sinaí además de las colonias judías construidas en la Franja de Gaza. Pero en ese momento el gobierno de Estados Unidos hizo pesar su rol hegemónico en occidente y “convenció” mediante amenazas a Egipto de continuar las negociaciones, pese a eso y a que ya había dado el sí al reconocimiento del Estado de Israel. La amenaza era simple: Estados Unidos rompería relaciones con Egipto, esto en momentos que como dijimos, Al Sadat necesitaba dólares para reactivar su economía.
Los acuerdos fueron divididos en dos partes. Uno trataría específicamente sobre la relación entre Egipto e Israel. Aquí se acordó que la península del Sinaí sería devuelta a sus legítimos dueños, los egipcios. La contraprestación fue además del reconocimiento del Estado sionista, que éste gozaría de las reservas petrolíferas de la región y EEUU se comprometía a financiar dos nuevas bases aéreas en el desierto del Negev. Además Egipto debería establecer una zona franca en el canal de Suez, o sea libre tránsito para Israel.
También dejaba establecido que los principios allí expuestos deberían aplicarse a la firma de similares tratados con los vecinos de Israel: Jordania, Siria y Líbano. Esto sin que allí hubiera un solo representante de esos países.

Sobre la Ribera Occidental (Cisjordania) y Gaza

Aquí todo fue tan difuso (y que luego se comprobó engañoso) que la frase “vende humo” no es arbitraria. Primero establecía disposiciones transitorias para Cisjordania y Gaza por un período que no debía exceder los 5 años “a fin de dar plena autonomía a sus habitantes” Si tenemos en cuenta que después de 39 años de firmado este acuerdo Gaza constituye hoy una cárcel a cielo abierto (ya que está vigilada por la armada y la aviación israelí, además del bloqueo criminal) y que ningún palestino goza al día de hoy de “plena autonomía”, esa letra constituyó una burla descarada.
“El gobierno militar israelí y su administración civil será retirada tan pronto como una autoridad de autogobierno haya sido libremente elegida por los habitantes de estas zonas para reemplazar el actual gobierno militar” (Los acuerdos de Camp David. El marco para la paz Oriente Medio. La Ribera Occidental y Gaza)
Recién en 1996 se celebraron las primeras elecciones en Cisjordania y Gaza, ¡dieciocho años después! y tres años más tarde de la firma de los acuerdos de Oslo, entre el Estado judío, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el secretario de Estado de EEUU y el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia. Esto ya con Bill Clinton al frente del imperialismo norteamericano. Estos acuerdos de Oslo se firmaron en vistas del fracaso de los de Camp David y como respuesta a la primera intifada, la rebelión palestina, que estalló en 1987 y continuó hasta 1993.
A 39 años de esos acuerdos de Camp David, como decíamos, el pueblo palestino sigue sufriendo oprobios, vejámenes y asesinatos a manos del ejército sionista, las cárceles del Estado de Israel, quien comete terrorismo de Estado cotidianamente, están llenas de palestinos que hace poco tuvieron que realizar una huelga de hambre para que se atendieran sus reclamos de condiciones dignas dentro de las prisiones y un juicio justo. Entre esos palestinos hay cientos de niños menores de 15 años. En Israel la Policía o el ejército pude detener a un palestino porque sí, sin que haya hecho nada, por el solo hecho de que a ellos les resulta sospechoso. Todo esto ante los ojos de la ONU, con sus cientos de resoluciones que terminan siendo papel mojado, de todos los gobiernos imperialistas europeos y por supuesto del garante de la existencia de ese Estado asesino: (más allá de que hay etapas donde la política de Israel puede resultar disfuncional a sus intereses concretos –como sucediera con Netanyahu en el último período del gobierno de Obama-) los Estados Unidos de Norteamérica.

Mirta Pacheco

Laica o Libre: Estudiantes en pie de lucha



El 19 de septiembre de 1958, se produjo una de las movilizaciones más importante, por su masividad, por parte del estudiantado universitario y secundario, para defender el carácter laico de la educación pública Argentina.

En diciembre del `55, la dictadura de Aramburu promulgó la ley 6403/55, cuyo artículo 28, define que “la iniciativa privada puede crear universidades libres”, es decir, que pueden emitir títulos oficiales, siempre y cuando se sometan a reglamento. La ley estaba hecha a la medida de la Iglesia Católica, y estaba impulsada por el Partido Demócrata Cristiano, apoyada por sectores de la burguesía más conservadores y personalidades como Álvaro Alsogaray que demandaban la “libertad” de enseñanza contra el “monopolio” estatal. El decreto fue resistido por el sector universitario de la UBA reformista, de pasado anti peronista que, incluso, había visto con buenos ojos el derrocamiento del viejo líder. En el `56, la FUA y la FUBA, llevaron a cabo huelgas, toma de facultades y manifestaciones públicas para impedir la implementación del artículo 28. El conflicto se diluyó y se llegó a un impasse, tras la renuncia del entonces rector de la UBA José Luis Romero y el Ministro de Educación Atilio Dell`Oro Maini.

Cumplir con la curia

En junio del `57, el electo presidente Arturo Frondizi, quien era apoyado por estos sectores laicistas como el Partido Socialista y el Partido Comunista, se pronunció contra “el monopolio del estado sobre la enseñanza”, y en agosto del `58 avanzó sobre la reglamentación del artículo 28. La respuesta del estudiantado no se hizo esperar, pero esta vez incorporando a un sector nuevo como son los estudiantes secundarios, que en el Rosariazo de mayo del `69 tendrían un papel preponderante. En mayo del `58 fundaron la Federación Metropolitana de Estudiantes Secundarios (FEMES) en medio de trifulca contra sectores más nacionalistas y reaccionarios, lo que expresaba el nivel de activismo y la tendencia a la organización de la época. Entre septiembre y octubre, las oleadas de movilizaciones, ocupaciones de colegios, asuetos, piquetes o los enfrentamientos callejeros con los “libres” van a ir en crecimiento.

Lucha de clases, lucha de calles

El 15 de septiembre y el 19 de septiembre, se realizaron las concentraciones de los dos grandes frentes aglutinadores en pugna. El 15 de septiembre se concentraron en la Plaza del Congreso el sector de “libres”, encabezado por el Arzobispo de La Plata Monseñor Plaza. Convocado por el “Comité de Defensa de la Enseñanza Libre” y endulzado por los principales medios de comunicación conservadores, quienes describieron a la concentración como una lección de orden, frente a las anteriores movilizaciones de los secundarios “laicos”. Ésta concentró alrededor de 60 mil personas, y contó con la participación activa y el debut público del grupo de choque abiertamente fascista Tacuara.
En cambio, para el 19 de septiembre estaba decretado la huelga universitaria de tiempo indefinido, y la concentración en la Plaza del Congreso, lugar ocupado casi a diario por los estudiantes secundarios, quienes ya a principios de septiembre hicieron suya la lucha por la laicidad de la educación pública y que fuera escenario de todo tipo de enfrentamiento contra los conservadores “libres”. Alrededor de 350 mil se movilizaron ese día. Se concentraron la FUA, la FUBA, y la FEMES (secundarios), y se contó con la adhesión de la CGT, y los gremios de la construcción, Gastronómicos, Municipales, Telefónicos, etc. Entre los ejes programáticos no solo se encontraban las demandas propias, sino también la defensa de los recursos patrimoniales como el petróleo de manos de las multinacionales privadas.
Pero los movimientos estudiantiles dirigentes, cometieron el pecado de confiar en los legisladores del parlamento, y mantener la presión sobre los mismos convocando al paro universitario por 48 horas y a la espera de la resolución en el congreso. Desde la FUA, llamaron a la derogación del artículo 28 por medio de una carta abierta a los legisladores, mientras las tomas de las universidades pasarían a ser tomadas como medidas extremas en caso de ser necesario.
El 24 de septiembre, mientras el parlamento debatía el proyecto del diputado de la UCR Horacio Domingorena, alrededor de 200 estudiantes del SUD (Sindicato Universitario de Derecho), ligados a Tacuara, desalojaron una asamblea argumentando su “derecho a aprender”. Por la noche, ocuparon Rectorado y la Facultad de Filosofía y Letras. Formaron barricadas e incendiaron libros de la Biblioteca. Como respuesta, la FUBA promovió la ocupación de las universidades y FEMES la de los colegios.

La ley Domingorena, y la injerencia de la iglesia en la actualidad

El 30 de septiembre se votó en el parlamento, en el medio de insultos y desmanes afuera del congreso, la Ley Domingorena, lo que resultó una derrota parcial para el movimiento estudiantil. Ésta autorizaba a que las Universidades privadas expendieras títulos habilitantes, pero sin financiamiento del estado. Si bien por medio de la ley, se estableció la victoria para los “libres”, el proceso significó la incorporación de amplios sectores de clases medias a la movilización para defender a la educación pública del ataque de la Iglesia. Sectores que años atrás eran la base social del régimen de la dictadura “fusiladora” y del gobierno frondicista, y que en el ‘58 veían sus aspiraciones chocar contra la realidad. Además la importancia de la incorporación de los secundarios como un nuevo actor más radical dentro del movimiento estudiantil.
En la actualidad, el debate salió a flote nuevamente. La Iglesia, por su parte, nunca abandonó sus propósitos de avanzar sobre la educación pública. Actualmente, se ha visto favorecida por los cambios que, como parte del consenso derechista, se vienen produciendo en la legislación nacional. En 2015, la Comisión del Digesto Jurídico (1) que se encarga de regular el ordenamiento de las leyes nacionales, y que en la actualidad se compone en su mayoría por diputados y senadores kirchneristas, como Rodolfo Julio Urtubey, hermano del Gobernador de Salta, derogó el pasado agosto, la famosa Ley 1420, dejando como única ley vigente la 26.206. Esta ley (promulgada en 2006), a diferencia de la 1420, no se pronuncia sobre la laicidad de la educación pública, dejando este tema prácticamente en el limbo. Estos cambios en la legislación favorecen el avance de la Iglesia en la educación como viene sucediendo a nivel provincial. En el caso de la Salta de Urtubey, la educación religiosa en las escuelas públicas ya es un hecho. A los alumnos los hacen peregrinar a la Catedral Basílica. Incluso, previo a la peregrinación, el alumnado tiene que confesarse con los sacerdotes. El Kirchnerismo entregó en bandeja años de lucha en las calles a esa institución anti científica, oscurantista y opresora. Política que continúa el gobierno de Cambiemos.

Lautaro Pastorini

Notas

1. Ésta Comisión está encargada de regular el ordenamiento de las leyes nacionales de carácter vigente.

Fuente: La batalla de los “laicos”: La movilización estudiantil en Buenos Aires. Septiembre-Octubre de 1958. Valeria Manzano.

La muerte de Cooke: la imposibilidad de revolucionar al peronismo



Se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Cooke. Aquí repasamos la biografía, del militante más destacado que tuvo el peronismo

Cooke nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919 en el seno de una familia radical, su padre era militante de la UCR de Alvear. En su casa, de buen pasar y nivel cultural, donde se hablaba inglés, lo llamaron “John William”. Estudió derecho en la UNLP y se recibió de abogado en el mismo año del golpe de Estado de junio de 1943, del que Perón fue parte. Su padre quedó profundamente impactado por el entonces coronel Juan Perón que ocupaba la Secretaría de Trabajo y Previsión, demostraría simpatías renunciando al partido radical, luego del 17 de Octubre de 1945. John W. Cooke al ser colaborador de su padre, fue integrado a la lista de diputados del primer gobierno de Perón. Con solo 25 años fue el parlamentario más destacado, no solo por su oratoria, sino también porque cuando se tuvo que oponer al propio Perón, lo hizo.
En el parlamento fue el elegido por Perón para hacer la defensa del cierre del diario La Prensa, bajo el argumento de que era vocero de la oligarquía y representaba a las grandes familias terratenientes de la Argentina como los Gainza-Paz.
Para el segundo gobierno de Perón, Cooke no fue convocado a formar parte de la lista de diputados. Y se dedicó a publicar la revista De Frente donde profundizará su teoría de que el peronismo debe transformarse en un movimiento “revolucionario”.
El cobarde bombardeo a la Plaza de Mayo de junio de 1955, sobre la población civil indefensa, encontró a Cooke disparando con su pistola calibre 45 a los militares que intentaban el golpe gorila. El mismo se concretará el 16 de septiembre del mismo año, dictadura autodenominada Revolución Libertadora. Allí Cooke y otros dirigentes caen presos y serán trasladados a la cárcel más austral del país, en Rio Gallegos.
Con Perón en el exilio, una burocracia sindical dispuesta a negociar en beneficio de sus intereses y con los dirigentes encarcelados, Cooke logra fugarse a Chile junto a otros detenidos, entre los que se encontraba Héctor Cámpora. Mientras está detenido, Perón lo nombra explícitamente como único delegado en la Argentina capaz de conducir políticamente al movimiento peronista, incluso si Perón muere.
Establecido en Chile tomará contacto con Perón que se encontraba en Venezuela iniciando una correspondencia más que intensa, donde deja ver las artimañas del líder y las pretensiones de Cooke de “izquierdizar” al peronismo. Mientras tanto, el gran protagonista del enfrentamiento en el “teatro de operaciones”; era el movimiento obrero”.
Por los años de la “resistencia peronista”, Cooke en todo momento habla de que el objetivo es lograr la “huelga general insurreccional”, mediante la provocación del caos a raíz de los sabotajes que realiza el movimiento obrero desde la clandestinidad, en cada fábrica y barrio obrero. Esta intensa lucha de clases, darán al movimiento obrero una experiencia única que templará la fisonomía y combatividad a la siguiente generación obrera que protagonizará la gesta del Cordobazo, incluso contra la propia burocracia sindical peronista.
Cooke fue clave en las negociaciones entre Perón y Frondizi, para que el radical ganase las elecciones presidenciales en 1958, prometiendo una serie de concesiones al movimiento obrero. La desilusión no tardará en llegar, cuando al año siguiente estalla la gran huelga del Frigorífico Lisandro de La Torre. El intento de Frondizi de privatizar el frigorífico desató la ira de los trabajadores que fueron derrotados con tanquetas y carros de asalto de las FFAA (fue el estreno del “Plan Conintes”: Conmoción Interna del Estado).
Cooke se ubicará del lado de la huelga. Sin embargo, ese momento será el de su caída. Su rol político consistió en ser una mediación entre la combativa clase obrera por un lado y la burocracia sindical que cobrará fuerza tras la derrota y finalmente la política negociadora de Perón con civiles y militares.

La brecha entre Cooke y Perón no harán sino profundizarse

¿Qué lo lleva a radicalizar sus pretensiones revolucionarias? La revolución cubana y su exilio y amistad con los Castro y el Che Guevara lo llevarán a esbozar la teoría de querer fusionar “castrismo” con “peronismo”.
En abril de 1961 lucha como miliciano junto a los cubanos en defensa de la revolución, en la invasión de Bahía Cochinos.
La “novedad” se convertirá en utopía cuando lejos de que Perón acepte sus postulados revolucionarios, el viejo líder estará predispuesto a negociar con quien sea, usando al movimiento obrero como factor de presión, sin que avance en conquistar la independencia de clase.
La estrategia de colaboración de clases del peronismo en general, y de la versión “radical” de Cooke, llevará a la aventura de la guerrilla hacia los últimos años de su vida.
De esta manera, lejos de que “el peronismo es el fenómeno maldito del país burgués”, reafirmó ser el garante del orden del país burgués.
El 19 de septiembre de 1968, moría John William Cooke, sin llegar a ver en lo abiertamente reaccionario que se convertiría Perón a partir de su llegada en medio de la masacre de Ezeiza y el accionar de la Triple A.
Si Cooke fue la versión más “radicalizada” del peronismo, hoy el mismo partido del orden y la contención sigue colaborando con cuanto ajuste haya en curso a nivel político, y a nivel sindical pactando la tregua de la CGT con el gobierno de Macri y bloqueando la necesidad de la independencia política de los trabajadores.

Daniel Lencina

El asedio de China a las Islas Galápagos

La dependencia de la economía ecuatoriana de China es cada vez mayor y está poniendo en peligro la riqueza natural de el país

El 3 de agosto pasado se capturó en aguas de las Galápagos el barco chino Fu Yuan Yu Leng 999, en su interior había 300 toneladas de pesca, fundamentalmente tiburones: más de seis mil ejemplares, adultos y neonatos, de tiburones Zorr, Silky y tiburón martillo

La noche del 3 de agosto pasado se capturó el barco pesquero Fu Yuan Yu Leng 999. En el interior de esta embarcación estaban embodegadas 300 toneladas de pesca, fundamentalmente tiburones: más de seis mil ejemplares, adultos y neonatos, de tiburones Zorr, Silky y del protegido -y espectacular- tiburón martillo. En sacos de yute se hallaron también aletas de tiburón, obtenidas presuntamente por la abominable práctica conocida como ‘finning’: una vez capturado el tiburón, se corta su aleta en vivo y se devuelve el animal al mar, donde morirá. Cada año 73 millones de tiburones mueren para que 73 millones de aletas, a más de 500 dólares el kilo, lleguen al mercado mundial. China es el principal consumidor, debido al famoso plato de sopa de aleta de tiburón -reservado a un estatus económico muy alto- que puede llegar a costar 150 dólares.
El barco en cuestión fue encontrado en un lugar donde las corrientes de agua son corrientes de vida, ricas en nutrientes y que -según el biólogo Eduardo Espinoza- « convierten la zona en uno de los mayores surtidores naturales de peces del Pacífico». En concreto, en la Reserva Marina de las Islas Galápagos, Ecuador, donde habitan más de 500 especies de peces y entre ellas, más de 30 corresponden a tiburones; y donde la pesca industrial está prohibida.
Detrás de esta constatación surgen realidades gravísimas para meditar en clave global. Una gran flota pesquera china de unos 300 barcos estaría navegando en faenas de pesca alrededor de las Galápagos, agregando nuevas amenazas a esta maravilla de la naturaleza, conocidas también como Islas Encantadas, porque según decían quienes por primera vez describieron el archipiélago, «se trata de unas islas con la capacidad de aparecer y desaparecer». Junto a la pesca, el turismo de lujo -masivo y creciendo-, la introducción de especies foráneas y la inmigración desde el continente, hacen evidente la fragilidad de este complejo de islas de origen volcánico. Pero bien sabemos que no ocurre sólo en este enclave: las denuncias por pesca ilegal de la flota China se repiten en la pesca del bacalao en aguas de Argentina, en Chile por la pesca del atún y en muchos países africanos como Senegal, Guinea, Guinea-Bissau o Ghana.
Es importante anotar que el asedio llega de un país que va tomando el control de toda la economía de algunas naciones. Precisamente Ecuador es un caso extremo de dependencia con China. Ecuador tiene comprometidos -bajo la forma de ventas anticipadas- más de 500 millones de barriles de petróleo a China a entregarse hasta 2024, que los debe conceder a cambio de recursos financieros que el gigante asiático ha desembolsado al país. Para colmo, China no se registra como compradora oficial del petróleo ecuatoriano sino que lo revende a Estados Unidos y otros países, creándose la argucia contable de que, oficialmente, China absorba menos del 5% de exportaciones ecuatorianas. A nivel de importaciones, la dependencia con China es más clara, llegando a casi el 20% del total. Pero lo más dramático es que China –en un proceso iniciado en 2012- devino en el principal acreedor de este pequeño país andino: más de 8 mil millones de dólares de deuda, el 30% del total de deuda externa; así como las ya mencionadas ventas anticipadas de petróleo que ni siquiera son registradas como deuda por las estadísticas oficiales.
A diferencia de EEUU que ejercía su dominación vía Consenso de Washington, China no busca conseguir el repago de sus créditos imponiendo medidas de austeridad económica, sino asegurándose el acceso a petróleo, minerales, y también pesca. Además, opera controlando que los recursos que presta se destinen a la contratación de empresas chinas, al punto que, muchas veces, los empréstitos nunca salen del gigante asiático. Sin duda la expansión China representa una nueva forma de imperialismo, más sofisticada pues no se ajusta a los parámetros clásicos del neoliberalismo. Incluso, no se presenta a primera vista como dominación política pero es más voraz pues exacerba el extractivismo de las periferias con mayor intensidad que en décadas pasadas, y más audaz, pues ni siquiera necesita programas de ajuste para garantizarse el retorno de sus préstamos.
Con la mayor población del planeta, China demanda 46% de todos los minerales extraídos en la Tierra. En tres años -2011, 2012, 2013- ha empleado 1,5 veces más cemento que lo utilizado por EEUU en todo el siglo XX. Y con su flota pesquera de más 2.600 embarcaciones, la mayor del mundo, está depredando los mares. Su capacidad de pesca es tal que –según la BBC- en una semana recoge tanto como los botes de Senegal en todo un año, un país que ha visto como se ha vaciado su mar, y la migración es la única opción.
Así como en su momento la lucha contra el imperialismo norteamericano fue clave, hoy también lo es la lucha contra el imperialismo chino. Dentro de esa lucha, urge detener la depredación ambiental, tanto por soberanía como por la propia supervivencia humana. Un pequeño paso en ese sentido sería ampliar y garantizar la zona de exclusión para la pesca, englobando a Ecuador (y las Galápagos), Panamá, Colombia y Costa Rica . Pero, hay que profundizar en el debate pues ante este reciente y preocupante expolio del imperialismo chino, urge que las normativas nacionales e internacionales que regulan la pesca de nuestros mares (como la CONVEMAR, Convención de las Naciones Unidas para el Mar), prioricen la soberanía alimentaria, dando absoluto énfasis a una pesca local artesanal, sostenible y orientada a la alimentación popular y local. Lo que no entre en estos puntos debe vetarse, en cualquier milla marítima.
En Galápagos, lugar que nos ha enseñado tanto sobre la evolución y la complejidad de la vida, se hace evidente que vivimos en el Capitaloceno, como ya utilizan muchos pensadores, una era o época geológica donde un sistema económico desesperado por movilizar mercancías lo más rápido posible a cualquier distancia a fin de generar y acumular dividendos, está acabando con tiburones, abejas, gorriones, rinocerontes, paisajes y medios de vida. Está exterminando la Vida.

Gustavo Duch Guillot y Alberto Acosta
eldiario.es

“Los grandes empresarios tienen en la mira a la Patagonia"



Reportaje a Felisa Curamil y Juan Lincan, miembros del Parlamento mapuche en Río Negro

El ataque contra la comunidad mapuche de Lof Cushamen y la desaparición de Santiago Maldonado han replanteado a nivel nacional el debate sobre la represión estatal y el vasto proceso de apropiación capitalista de tierras y desarrollo de negociados mineros y petroleros en la Patagonia. En el presente reportaje, Felisa Curamil y Juan Lincan (miembros del Parlamento mapuche en Río Negro) se refieren a este proceso y realizan una mirada histórica de la opresión contra los pueblos originarios, concentrándose en lo sucedido durante los gobiernos de Kirchner y Macri.
Reclaman, también, la prórroga de la Ley de Tierras (26.160) que impide los desalojos y convocan, en tal sentido, a una marcha para el 27 de septiembre en Buenos Aires.
-¿Qué consecuencias tendría para la provincia el nuevo código de tierras?
-FC: Cuando asume Macri recorre muchos países para hacer acuerdo con los empresarios que quieren venir a explotar nuestras tierras, y hoy la problemática que hay acá es justamente que el objetivo de ellos son los territorios, y los territorios son los indígenas.
Luego del recorrido que hizo el gobierno y haber firmado acuerdos, en la provincia de Río Negro [el gobernador Alberto] Weretilneck saca el proyecto del Código de tierras. Este le permitirá a las empresas, al municipio y la gobernación la entrega de lo que ellos llaman “tierras fiscales”, nosotros decimos que es el territorio donde están asentadas las comunidades mapuche, donde ya han entrado camionetas y están haciendo cateos. Acá existe una organización, que es el Parlamento mapuche con el cual el gobierno nunca ha dialogado. Nosotros venimos reuniéndonos con las comunidades de toda la zona y realizamos una gran marcha, que culminó en Viedma y nunca nos recibieron, ni siquiera recibieron el documento donde rechazamos el código de tierras, y se negaron a la mesa de diálogo, violando el derecho de las comunidades indígenas a ser partícipes y generar una consulta previa. Están en juego nuestro territorio y nuestra cultura. No hay ni en Río Negro ni en todo el país una voluntad política de diálogo. El proyecto del código de tierra también contempla el cierre de escuelas. El no tener escuela en el espacio donde vivís te obliga a un desarraigo de tu zona. Hay un proyecto minero de carbón (Pico quemado, en Rio Chico Abajo en el departamento de Ñorquinco), donde quieren cerrar una escuela, con la excusa que no hay alumnos, para cederle las tierras a las mineras.
-¿Cómo ha sido el recorrido de su lucha en las últimas décadas?
-FC: Luego de la reforma de la Constitución de 1994, después de un gran movimiento de las diferentes comunidades, presionamos para que se nos reconozca como pueblos preexistentes, porque todas las leyes que habían eran de la dictadura, y no nos reconocían absolutamente nada, hablaban de indios domesticables que debían ser evangelizados. Luego seguimos trabajando a nivel internacional, a través del convenio 169 (antes era el convenio 107). Estos convenios están basados en la OIT (Organización Internacional del Trabajadores) y allí hay varios artículos que reconocen (14, 16 y 21) los territorios indígenas, y dicen que el Estado debe garantizar la participación, la consulta previa y libre e informada de los pueblos indígenas cuando se traten cuestiones de intereses relacionados a los territorios. Desde que el Estado firma la ratificación de este convenio, tiene que dar garantías de participación. Si hay algo que no han hecho los gobiernos es avanzar sobre esto.
Somos conscientes que dentro de lo que es el Estado argentino nos toca convivir con una sociedad donde hay diversidades, donde estamos nosotros como pueblo preexistente. Es absurdo pensar que nosotros queremos crear un estado paralelo. Esa idea que quiere hacer creer el gobierno es de quienes responden a los intereses de los terratenientes y empresarios. Su fin es enfrentarnos con el resto de la sociedad y no cumplir con los derechos que se han consagrado en la misma Constitución que ellos dicen defender.
En esta región muchos trabajadores somos mapuche, las empleadas domésticas, los gastronómicos, empleados municipales, somos mapuche, somos trabajadores también. Desde Roca y Sarmiento nos decían que éramos los vagos, los indios, las lacras y ahora en pleno siglo XXI nos encontramos con el mismo discurso. Ellos generan la violencia y ese enfrentamiento. Lo peor que nos puede pasar es enfrentar a los pueblos indígenas con los trabajadores, y en realidad acá tiene que haber una lucha común de los pueblos originarios con el movimiento obrero contra el Estado y los capitalistas. Lo que se está viendo hoy es una lucha de clase, entre los que manejan el poder y los trabajadores.
-JL: los peñi [compañeros] en la asamblea del parlamento plantearon que el pueblo originario quiere la tierra para el sustento de vivir, y no para hacer negociados como quieren los capitalistas. Eso es necesario que lo sepa toda la sociedad, no queremos la tierra con la ambición que tienen los capitalistas de explotar nuestros recursos, con la excusa de generar trabajo que es precario y es temporal… después todo es un desastre, queda contaminada la tierra, escasea el agua, hay enfermedades en las personas y en los animales. Por eso no debemos dejar pasar esos planes y el pueblo en su conjunto debe luchar.
-FC: Yo vengo con la historia de nuestros antepasados y tenemos la memoria viva de ellos de todo el genocidio, la humillación, la quita del idioma, de nuestra cultura y de nuestro territorio que aún continúa en este siglo XXI. El mensaje que quiere dar el gobierno a la sociedad, con la represión que sufrió la comunidad en Cushamen y la desaparición forzada de Maldonado, es que aquél que apoye esta lucha terminará como Santiago. Frente a esto tenemos la obligación de luchar en conjunto. Lo que tienen los grandes empresarios, nacionales y extranjeros, es la mira en la Patagonia, de intereses de explotación de los recursos naturales, mineros, petroleros y del agua. Históricamente, ningún gobierno ha tenido la voluntad política ni hemos sido parte de la agenda pública los pueblos originarios. Mi abuela falleció en el 2001, tenía 113 años. Vivió la campaña del desierto, la fronteriza, todo el genocidio de todos los gobiernos, de dictadura y de democracia. Ellos vivían acá con los propios recursos que nos daban la naturaleza, donde todos estos territorios eran nuestros. Nos vinieron corriendo y nos dejaron las peores tierras, asesinando a nuestros antepasados. Un genocidio, un etnocidio. Nos han asesinado y nos han despojado de nuestras tierras, en beneficio de grandes intereses económicos. Hoy el kirchnerismo podrá decir que apoya nuestra lucha, pero ellos reprimieron al pueblo qom, nosotros como parte de pueblos originarios no podemos hacer la vista gorda sobre eso. Nunca Cristina Kirchner recibió a Félix Díaz, que sí fue recibido por el zángano de Macri para sacarse la foto mientras continuaban reprimiéndolos. Los Bullrich o los Marcos Peña con sus familias han sido los que han quitado las mejores tierras de los pueblos indígenas, sus familias han matado miles de indígenas y nunca van hacerse cargo. Es gravísimo que esta misma gente sea la que hoy está gobernando.
-JL: está bueno darle una lectura política al resto de la sociedad, que se está involucrando a partir de lo de Maldonado y que entienden lo que son los derechos de nuestras comunidades. El gobierno a partir de que no se sienta con los pueblos indígenas a una mesa de diálogo ya está planteando la violencia, con sus medios de comunicación y sus aparatos para defenestrar nuestra lucha. Hay muchos ancianos que se han muerto reclamando sus tierras y a través de los años los gobiernos no les dieron atención.
-FC: el Estado, de forma inteligente, y para no hacerse cargo, quiere enfrentar al pueblo con los mapuche y el resto de la sociedad. El enemigo nuestro y de toda la sociedad es el gobierno y el Estado, un estado opresor, que viene a oprimirnos, a mapuche, al movimiento obrero o al campesinado. Así como Maldonado, hay miles de personas que nos han acompañado en nuestros reclamos, porque se comprometen en la defensa de nuestros derechos, en la defensa de nuestros recursos como la tierra y el agua.
-¿Cómo ha sido la situación desde la aplicación de la ley 26.160?
-MC: Con nuestra lucha en 2006 logramos que cada provincia comience a hablar del tema con la participación de todos los pueblos originarios del país. Con la ley 26.160 se debió haber avanzado en la regularización de los territorios de los pueblos originarios, pero aquí en Rio Negro solo se reconoció el 50% a las comunidades. Por más que la ley planteaba frenar los desalojos sabemos que en otros lugares del país continuaron.
Con la ley 26.160 lo que “omitió” el kirchnerismo fue no agregar un artículo para entregar los títulos de los territorios demarcados, que eso es lo que nos garantiza el resguardo de nuestro territorio. Tanto el gobierno K como el gobierno actual quieren evitarlo, para explotar toda la riqueza. Yo me he venido a Bariloche por una cuestión forzada, en toda la Patagonia fuimos sometidos a esa migración interna, nos han desterrado de nuestros propios lugares y luego nos toca integrarnos en las ciudades, sufrimos un doble desarraigo. Estamos llamando a una marcha a todos los pueblos para el 27 de septiembre en Buenos Aires para exigir una prórroga de la ley 26.160 e impedir un desalojo y se haga efectiva la entrega de nuestras tierras.

Entrevista realizada por Facundo Britos, Marcos Novara y Rafael Maigua

lunes, septiembre 18, 2017

Venezuela bajo el signo de la “crisis orgánica”



Las sucesivas convulsiones en el tablero político, los “bloques históricos” de la clase dominante (tradicional y “boliburguesa”) erosionan contemplando “salidas de fuerza”, y un “empate catastrófico” con final abierto, elementos que cifran el cuadro de “crisis orgánica” del capitalismo rentista y semicolonial venezolano

El año que corre venimos atestiguando los episodios más variados de una profunda “crisis de hegemonía” [política, económica y social], como no se había visto en décadas. Ya en los últimos días de marzo, cuando presenciábamos aquellas dramáticas divisiones de la cúpula gobernante, puntualizábamos que toda ella era “expresión de la profunda crisis orgánica que atraviesa el país, una disputa por la transición al post chavismo en la que, sin embargo, los de abajo no tenemos ni arte ni parte”, en los últimos meses, semanas y días, luego de la Constituyente fraudulenta y de cara a las elecciones regionales, esta tendencia lejos de disiparse sólo se complejiza y ramifica.

Crisis orgánica: más que otra crisis de fin de ciclo

Ya en su formulación original, Antonio Gramsci precisaba que “en cada país el proceso es diferente, aunque el contenido sea el mismo” se trata, pues, de una “crisis de hegemonía de la clase dirigente” sea porque esta “fracasó en alguna gran empresa política para la cual demandó o impuso por la fuerza el consenso de grandes masas” o bien porque “vastas masas (…) pasaron de golpe de la pasividad política a una cierta actividad y plantearon reivindicaciones que en su caótico conjunto constituyen una revolución”.
Como toda gran definición, la que aquí retomamos atrae hacia sí todas las peculiaridades del caso. En líneas gruesas puede explicarse como el colapso de un proyecto que contando con un amplio apoyo de masas –y la oposición de sectores tradicionales de la clase dominante– como lo fue el chavismo, sostuvo lo fundamental de la estructura rentista y semicolonial del capitalismo nacional; un sacudimiento que termina inquietando al conjunto de los partidos que han administrado, administran y pretenden administrar dicho esquema en un futuro próximo.
Mas el elemento distintivo de nuestra crisis orgánica consiste en que después del fracaso de esta “gran empresa” que fue la llamada “Revolución Bolivariana” no presenciamos la entrada de “vastas masas” interviniendo políticamente como factor independiente, ni reivindicaciones inmediatas que impliquen cuestionamientos a las clases hegemónicas sino subordinación y entrampamiento de las clases subalternas a las expresiones políticas de aquellas, de igual modo, podemos ver que la represión ejercida por las FF.AA. en el pasado reciente estuvieron coyunturalmente dirigidas contra esa clase media que se movilizaba en favor de la derecha tradicional con el respaldo del imperialismo, aunque la bonapartización creciente del gobierno beneficie en última instancia a la clase dominante de conjunto.
Pero esto solo evidencia el trauma social que generan los enfrentamientos entre las clases dominantes tradicionales desplazadas del control político directo, y las camarillas boliburguesas que la sucedieron, una profunda pugna de intereses por echar mano de la renta petrolera cuya expresión política genera, a decir de Gramsci, “los fenómenos morbosos más variados” mientras se mantiene irresoluble.
Para el marxista italiano, estas crisis se verifican especialmente en momentos en que “los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que les falta el terreno bajo los pies, advierten que sus ‘prédicas’ se han convertido precisamente en eso, ‘prédicas’” [aquí], no se trata pues de una crisis económica o política coyuntural más, sino de algo mucho mayor, una clara manifestación de imposibilidad de los partidos hegemónicos para hacerse cargo de las grandes contradicciones estructurales con sus métodos habituales, su personal político y sus bases sin afectar la hegemonía creada y la autoridad del Estado, dado que esta relación se volatiliza al extremo aflorando las divisiones, desatando pugnas y nuevas crisis, especialmente entre “representantes y representados”.
También bajo el “puntofijismo” cada gran crisis (“Viernes negro” [8.02.1983] o “Caracazo” [27.02.1989]) llevó inscrita en su ADN las contradicciones del capitalismo rentista y dependiente y su relación con los planes (cipayos) de los partidos del régimen (AD y COPEI), del imperialismo norteamericano en la región y las fluctuaciones económicas del mercado petrolero internacional, ello explica los ciclos de equilibrios e inestabilidades económicas y políticas que atenazan la semicolonialidad venezolana, a esto correspondían las metáforas “Laberinto y Péndulo”, en las que “La dialéctica pendular de los momentos ‘reformista’ y ‘conservador’ recompone el orden burgués en transiciones que suelen ser convulsivas”. [Molina, Eduardo; IdZ, Jun. 2016]
El chavismo en el gobierno pudo sobreponerse al bienio recesivo 2009-10 –la primera caída importante de los precios internacionales del crudo bajo el período “bolivariano”– no así a la recaída económica del 2013 [08 de febrero] que en poco tiempo coincidirá con la desaparición física [05 de marzo] de quien por más de década y media fungiera como sostén del “bloque histórico” posneoliberal en el país y la región. Allá (2009-10) contaba con el rol bonapartista de Chávez al frente del Estado y el respaldo económico exterior de China y los bloques de países “amigos” en la región, pero una vez que pierden este sostén [especialmente en el último año y medio], emerge el sismo político, económico y social, que caracteriza a esta crisis. Como en su momento escribimos, la desaparición física del “bonaparte” sería también “generador de caos” combinándose esta vez con una profunda crisis económica de carácter catastrófico.
Toda la catástrofe posterior no hace sino desnudar la debilidad estratégica del “socialismo con empresarios” por el que apostó siempre el chavismo y sobre el que erigió una forma institucional hoy en crisis, propiamente “el fracaso de una gran empresa”. De conjunto, lo que le otorga el carácter “orgánico” a la actual crisis es precisamente la imposibilidad de que tanto el chavismo como la derecha tradicional logren con sus métodos habituales recomponer su hegemonía perdida, y poner en marcha el desarrollo económico, en condiciones de fuertes cuestionamientos por abajo, confrontación entre poderes y de estos con sectores de masas, profunda recesión nacional e internacional, aislamiento exterior, sucesivas divisiones y pugnas intestinas en los propios partidos; de ahí se deriva el papel cada vez más preponderante de las FF.AA.
El momento político encuentra a “conservadores” y “progresistas” en un juego “suma cero”, donde amplias masas recelan tanto la herencia del puntofijismo como la del chavismo en su decadencia, al menos si prescindimos de las dudosas cifras que se adjudican desde ambos polos, para el periodista Manuel Felipe Sierra: “la crisis en Venezuela desbordó al gobierno y a la oposición” [El Falconiano, p. 2; 10.08.2017] y esto es precisamente de lo que se trata el tipo de crisis al que nos referimos.
Es aquí donde arrecian las campañas de injerencismo imperialista desde Washington, que va desde sanciones económicas hasta amenaza militar, y desde la Unión Europea alentada por la propia derecha venezolana, y se destapan las continuas “ollas podridas” y denuncias cruzadas sobre casos de corrupción que comprometen la credibilidad del chavismo y la derecha, las inverosímiles cifras de apoyo popular que se adjudican Gobierno y Oposición y las verdaderas intenciones detrás de sus reuniones a espaldas de la "opinión pública", informes como el del periodista Eleazar Díaz Rangel sobre la gran cantidad de constituyentistas “con demasiada riqueza” y la consecutiva dimisión de Earle Herrera de la ANC que rápidamente fue frenada, esto nos da un cuadro muy elocuente de la compleja crisis de hegemonía.

Crisis de Estado y las “soluciones de fuerza”

El fraude Constituyente vino de hecho para acentuar la deriva bonapartista del Gobierno de Maduro, quien avanza en la concentración de poderes, medidas proscriptivas y se apoya fundamentalmente en las FF.AA. con el objeto de sellar los ajustes en curso y los acuerdos con el sector empresarial nacional y trasnacional. Esto es necesario subrayarlo como elemento cardinal de la crisis de autoridad en ciernes.
La impopularidad de Maduro, y la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias [6.12.2015], provocan –como es sabido– el salto decisivo en este escenario de crisis, llegando a perturbar las estructuras estatales que con exclusividad había copado el chavismo post 2002, por otro lado, sólo develó a continuación los límites y contradicciones de dicho triunfo electoral de la derecha el 6D, así como su verdadero rol demagógico, entreguista y antipopular.
Ciertamente, bajo los gobiernos de Chávez las FF.AA. tuvieron un papel importante luego que al “refundarlas” su autoridad fuera remozada, pero comienzan a aparecer como un actor político indispensable en este escenario con la Resolución 8.610 del Ministerio de la Defensa, la activación de un estado de excepción permanente, el despliegue de operativos “especiales” en los barrios pobres (OLP’s), así como en el control de las manifestaciones, donde ya hubo más de 5 mil manifestantes detenidos, y hasta la destitución de Luisa Ortega Díaz, la Fiscalía General contabilizaba 128 muertes violentas, al menos 25% directamente imputables a órganos represivos del Estado, 40% por parte de civiles armados, y donde al menos 60% de los responsables se mantienen impunes.
De la mano de Maduro son jugosas las prebendas obtenidas, que van desde acceso a divisas baratas, hasta 20 grandes empresas bajo su control, pasando por el manejo a discreción de un presupuesto milmillonario (más de Bsf. 2 billones), por supuesto van acumulándose a su paso varias denuncias de corrupción no investigadas ni por el gobierno ni por la oposición, quienes por cierto han visto en estas podridas FF.AA. un posible apoyo para la transición post chavista, y no dudarán en implementar todo ese poder para asegurarse la gobernabilidad del ajuste.
En el último año, las FF.AA. constantemente se erigen como árbitro en la confrontación de poderes, ahí donde el actual CNE proscribe las posibilidades de representación electoral ajena a los dos bloques dominantes, obstaculiza procesos electorales en diversos niveles, incluyendo elecciones sindicales y gremiales donde el gobierno se ve en desventaja, la “Ley Constitucional contra el odio” apunta a limitar aún más las libertades democráticas. También resuena el fantasma de fracturas internas en el seno mismo de las FF.AA., mientras un amplio sector de masas populares cuestiona su papel represivo y corrupto.
Aún no está claro cuál será el desenlace para este agitado intervalo, no podemos afirmar de antemano si la balanza se inclinará más a sectores del oficialismo, o de la oposición, o combinaciones que apenas se avizoran. Los venideros comicios a las gobernaciones operan como “válvula de escape” para contener momentáneamente las acciones de calle, frente a ellos –dado el marcado carácter plebiscitario que adquieren– las diferentes fuerzas políticas se aprestan para calibrar su ventaja, más lo fundamental de la crisis persistirá creando nuevos estragos, para los que las élites dominantes preparan “salidas de fuerza”. También de lo que pueda surgir de las actuales negociaciones en República Dominicana, que han sido avaladas hasta por el imperialismo yanqui pasando por el Vaticano, donde chavismo y oposición tejen sus posibles pactos.
Sea por vía de negociación, cuartelazos, o alguna otra salida que vaya de la mano con las FF.AA., podemos estar seguros de que estas arreglarían una profunda derrota de masas en el siguiente período.

Lo nuevo que no acaba de nacer y la “crisis de dirección revolucionaria”

Este interregno no cuenta con una duración que pueda ser calculada a priori, puede prolongarse sin resolverse por mucho tiempo, y aun podría desatar desde “crisis revolucionarias” hasta las tendencias más reaccionarias de las élites dominantes amenazadas. Pero si lo viejo se niega a morir y lo nuevo no puede nacer es también una consecuencia de aquello que el dirigente marxista León Trotsky ante la crisis los años 30’ (modelo arquetípico de “crisis orgánica”) acuñara acertadamente como “crisis histórica de dirección revolucionaria”.
El consenso de grandes masas creado para erigir el modelo político-económico de la “revolución bolivariana” contó con el respaldo no solo de aquellas masas, sino de casi todo el arco de la izquierda tradicional que hizo parte de dicho “bloque histórico”, marcando la pauta en la mayoría de las instituciones creadas por el chavismo y que hoy operan como muros de contención de la enorme fuerza obrera y popular, por eso todavía se mantiene bajo la superficie su profundo malestar provocado bajo los embates de la crisis y las medidas de ajuste con las que el gobierno suele responder.
Eventualmente estas direcciones tampoco escaparán del cuestionamiento histórico que se abre en estos períodos, donde se generan nuevas maneras de interrogar y de pensar. El fin de las ilusiones de reivindicación social que despertaron los proyectos posneoliberales no puede significar consuelo alguno, pues se trata justamente de un vacío político a nivel de grandes masas, de alternativas progresivas a los grandes problemas de la vida de la clase trabajadora y sectores populares, tal es la distancia que hoy existe entre la profundidad de la crisis y la conciencia de la crisis.
La única salida progresiva a ella tendría que liberar la energía revolucionaria de los trabajadores y el pueblo pobre y ponerlos en movilización permanente, pero esto solo es posible asegurándose de antemano la más resuelta independencia política frente al Gobierno, la oposición de derecha y el imperialismo, una verdadera opción política de la clase trabajadora que estimule la confianza únicamente en sus propias fuerzas de clase en alianza con el resto de los sectores explotados, unificando demandas comunes y articulando planes de lucha y movilización; que logre poner en marcha la lucha por un verdadero plan económico de emergencia obrero y popular donde se afecte directamente la hegemonía burguesa, así como la estructura rentista y dependiente del capitalismo nacional, para el cual ninguna las fuerzas políticas de la burguesía o sectores marginales de ella estarían dispuestas a emprender hasta el final. Todo esto en la pelea por organismos de autodeterminación de las masas en la perspectiva de la lucha por un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre.
Solo de esta manera podremos abreviar los actuales padecimientos de los asalariados y pobres del país, “corregir” los males incurables que emanan de la estructura económica en crisis –el capitalismo semicolonial dependiente-, así como frenar el desarrollo de mayores catástrofes sociales enterrando este sistema de explotación, peleando a brazo partido por la resolución íntegra y efectiva de nuestras demandas estructurales en una revolución en permanencia en el camino del socialismo, que sólo puede ser llevada hasta el final por la clase trabajadora apoyada por los pobres urbanos y campesinos pobres, teniendo al frente un partido revolucionario.

Humberto Zavala
Venezuela | @1987_zavala

Fidel y la cultura.



Del genio de Fidel extrañaremos bastante; quizá más que nada su especial sentido del momento histórico; esa extraordinaria capacidad de penetrar la esencia de las cosas, para emprender acciones de éxito donde otros las pospondrían escudándose en una supuesta falta de “condiciones objetivas”. Por ejemplo, ¿qué habría hecho por la cultura el común de los mortales, de haber dirigido un país como Cuba, en medio de la convulsa circunstancia de aquellos primeros años de la Revolución? Si nos atenemos a la conocida máxima del filósofo español José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”, esa particular coyuntura histórica probablemente hubiese polarizado las acciones del líder —siempre que este no fuera Fidel— hacia aspectos muy alejados de la promoción cultural.
Repasemos los contextos, y veamos si aconsejaban otra cosa que no fuese dedicar el máximo esfuerzo al fusil y la trinchera. Solo entre 1959 y 1960, mediante aviones procedentes de los Estados Unidos, la contrarrevolución realizó más de 50 bombardeos con explosivos o fósforo vivo, a centrales azucareros o áreas urbanas. El más alevoso crimen de aquella época se registró en marzo 1960, cuando fue volado el vapor francés La Coubre: hecho que segó la vida a 101 trabajadores cubanos. Según documentos desclasificados, el gobierno de Dwight Eisenhower puso en manos de la subversión interna armamentos y explosivos que, en los seis meses anteriores a la invasión de Girón, provocaron 110 atentados dinamiteros, la detonación de 200 bombas, 950 incendios y seis descarrilamientos de trenes.
El 3 de enero de 1961, los Estados Unidos rompen relaciones diplomáticas con Cuba, y si bien el bloqueo económico y comercial se implanta oficialmente el 3 de febrero de 1962, ya desde octubre de 1960 se habían prohibido las exportaciones a Cuba, excepto medicinas y alimentos; mientras, en la práctica, también se hallaba suspendida la importación de azúcar cubano. Entretanto, en las montañas del Escambray, decenas de bandas armadas realizaban acciones subversivas, y asesinaban maestros y campesinos.
Ante la inminencia de una invasión, había que preparar al pueblo. El 26 de octubre de 1959, Fidel proclama la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias, y ya para marzo de 1960, apenas cinco meses después de creadas las MNR, medio millón de cubanos formaban parte de sus filas. El 15 de abril de 1961, aviones de combate bombardean la pista de Ciudad Libertad, y las bases aéreas de San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. Dos días más tarde, 1500 mercenarios cubanos, apoyados por aviones y buques de guerra, desembarcan por Playa Larga y Playa Girón, solo para ser vencidos en menos de 72 horas.
Tras ese fracaso, el gobierno norteamericano no cejó en su empeño de derrocar la Revolución naciente, y para ello puso en práctica el programa subversivo llamado Operación Mangosta. Durante su período de vigencia, en un lapso de diez meses, se registraron más de cinco mil acciones de sabotaje y actos terroristas contra objetivos económicos y sociales, mientras que, solo con interés de asesinar a Fidel, se emprendieron o planificaron 80 atentados (38 en el gobierno de Eisenhower y 42 en el de Kennedy).
En medio de este complejo momento histórico, ¿sería posible realizar transformaciones sustanciales en la cultura? Veamos cómo para Fidel el desgaste impuesto por el enemigo, y el valioso tiempo que debió dedicar a enfrentarlo, no fue impedimento. El 31 de marzo de 1959, por su orientación expresa, fue creada la imprenta Nacional de Cuba, entidad que, con el nombre de Editorial Nacional, a partir de 1962 estaría bajo la dirección de Alejo Carpentier. Al contrario de lo que podría suponerse, dadas las circunstancias, el primer libro publicado no fue un manual para milicianos, ni un folleto de adoctrinamiento político, sino El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes y Saavedra.
No fue casual la selección de esa obra, con la cual quedó inaugurada la Colección Biblioteca del Pueblo, destinada a los clásicos de la literatura universal. Al respecto, en 1979 Armando Hart Dávalos señaló: “Al símbolo del personaje inmortal que encarna los más puros ideales humanos, se unía la voluntad de reconocer como propio el patrimonio cultural de la humanidad y el homenaje a todo lo que de tesoro comunal unificador encierra nuestra lengua en la figura del más preclaro de sus escritores”.
Los cien mil ejemplares de aquella edición del Quijote fueron puestos a disposición del público lector a un precio simbólico, y luego —también en tiradas masivas y a precios muy bajos—, se publicaron otras obras relevantes de la literatura universal. Entre los primeros autores editados estuvieron César Vallejo, Rubén Darío y Pablo Neruda. ¡Sencillamente extraordinario!: el Estado cubano destinando recursos a la publicación de poesía, mientras el enemigo más letal de la historia bañaba en sangre a nuestro pequeño país y creaba condiciones para emprender una invasión a gran escala. Naturalmente, en dicha institución no solo se imprimieron textos literarios, sino también los millones de ejemplares de las cartillas y manuales que serían utilizados durante la exitosa Campaña Nacional de Alfabetización, en 1961.
Sin duda alguna, la Campaña Nacional de Alfabetización fue el más grande evento cultural emprendido por nuestra nación en cualquier época. En ella participaron 271 mil educadores, que alfabetizaron 707 mil personas, para, de este modo, convertir a Cuba en uno de los países con menor tasa de analfabetismo en el mundo. Las palabras de Fidel, expresadas el 22 de diciembre de 1961, resumen el gigantesco esfuerzo: “Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados”.
En enero de 1961, fue creado el Consejo Nacional de Cultura. Su objetivo fundamental fue llevar a cabo una política cultural amplia y profunda, destinada a todas las capas sociales de la población y, de manera especial, a los sectores populares. Como concreción de tales propósitos, se fortalecen instituciones como el Ballet Nacional de Cuba, la Biblioteca Nacional y la Academia de Artes Plásticas de San Alejandro. Se retoma la construcción del Teatro Nacional y se fundan la Orquesta Sinfónica, la Casa de las Américas, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y el Instituto de Etnología y Folklore, entre otras instituciones.
Fruto de los intensos debates que durante tres jornadas nuestro Comandante en Jefe realizara con destacados artistas y escritores cubanos —los días 16, 23 y 30 de junio de 1961, en la Biblioteca Nacional— ha quedado para la historia el memorable discurso titulado Palabras a los Intelectuales. Este documento, más que reflexión puntual ante un público preocupado por sus derechos en la nueva realidad sociopolítica, constituyó sólida base de lo que es hoy la Política Cultural de la Nación. “La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura —dijo Fidel entonces—, cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un verdadero patrimonio del pueblo”.
Apenas mes y medio más tarde, en el hotel Habana Libre, se celebró el Congreso de Escritores y Artistas, clausurado por Fidel, que dejó como resultado la creación de la Uneac. Los intelectuales se sumaban así, de manera organizada y consciente, a un turbión cultural cuyas olas creativas aún baten con fuerza. Como muestra del alto nivel artístico rápidamente alcanzado en la época, tan solo recordemos las novelas de Carpentier, especialmente El siglo de las luces; las películas de Titón (La muerte de un burócrata y Memorias del subdesarrollo), el Teatro Estudio encabezado por Raquel y Vicente Revuelta, el Ballet de Alicia y Fernando Alonso, la mejor poesía de Nicolás Guillén, la explosión creadora de René Portocarrero…
En 1962, tan solo un par de meses antes de que nuestro país viviese el peligro de ser barrido por un ataque nuclear, se funda la Escuela Nacional de Arte. Erigida en terrenos del antiguo Country Club de La Habana, por primera vez en Cuba una escuela de arte recibía alumnos procedentes de todas las capas sociales y regiones del país, previa rigurosa prueba de aptitudes artísticas. De este modo, se creaban las bases para que la enseñanza artística pudiera extenderse por toda la geografía nacional, lo cual posibilitó el extraordinario salto que en materia de cultura habría de ocurrir en las siguientes décadas.
Entre los años 70 y 80 del pasado siglo, Cuba logró convertirse en innegable potencia cultural. Fueron fundadas decenas de academias, conservatorios y escuelas de arte en los niveles elemental, medio y superior; algunas de la más alta cota profesional posible, tales son los casos del Instituto Superior de Arte y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. No hubo municipio del país que no contara con cines, museos, casas de cultura, galerías de arte, talleres literarios, bibliotecas, agrupaciones musicales, teatrales y danzarias de alto nivel. El arte penetró las fábricas, las unidades militares, los círculos infantiles, los asilos de ancianos… muchas de tales instituciones también fue posible tenerlas en pueblos y comunidades donde antes ni siquiera hubo escuelas. Allí, donde poco tiempo atrás los niños morían de enfermedades curables, donde imperaba el hambre, la explotación, el atraso y la absoluta falta de oportunidades, ahora llegaba el poder dignificante de la cultura.
A nivel central, en La Habana y otras ciudades del país, surgen decenas de importantes eventos culturales, entre los que se hayan las muy prestigiosas Ferias Internacionales del Libro; de la Música, “Cubadisco”; de Artes Plásticas, “Bienal de La Habana”; de Artesanía, “Fiart”; los Festivales Internacionales de Ballet; del Nuevo Cine Latinoamericano; de Cine Pobre, en Gibara; del Circo en Verano, “Circuba”; de Música Electroacústica, “Primavera”; de Jazz, “Jazz Plaza”; de la Canción en Varadero; de la Trova, “Pepe Sánchez”; de la cultura caribeña, “Fiesta del Fuego”; de Poesía de La Habana; de Humorismo Gráfico, “Bienal de San Antonio de los Baños”; de Teatro de La Habana; así como la Temporada Escénica Latinoamericana y Caribeña “Mayo Teatral”, entre otras muchas acciones artísticas y culturales de envergadura.
En 1991, producto del derrumbe de la Unión Soviética y el Campo Socialista, así como por el recrudecimiento del bloqueo comercial y financiero impuesto a Cuba por los Estados Unidos, el país se adentró en una larga y profunda crisis económica en la que el PIB se contrajo un 35 %. Particularmente severas fueron las carencias alimentarias y de portadores energéticos, al extremo de que se sufrieron apagones de entre 16 y 20 horas diarias. Otra vez el momento histórico hubiera aconsejado realizar reducciones en los presupuestos destinados a la cultura. ¡Si no había qué comer ni cómo cocinar, cómo íbamos a gastar nuestros muy limitados recursos en acciones culturales!
Entonces Fidel, evocando a Martí, alza su voz para recordarnos que trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. Lo primero a salvar es la cultura, porque “la cultura es espada y escudo de la nación”. Ninguna institución cultural fue cerrada, ningún evento dejó de realizarse, porque “ser culto es la única manera de ser libre”; y sin identidad, no hay libertad posible. De modo que apenas la situación económica ofreció respiro, se retomaron con fuerza proyectos culturales pendientes. En el año 2000, al calor de la Batalla Ideas, Fidel aprueba la construcción de las nuevas Escuelas de Instructores de Arte, con el objetivo de consolidar las escuelas y círculos infantiles como los centros culturales más importantes de la comunidad.
Ese mismo año se inaugura el programa de Universidad para Todos, donde los estudios socioculturales y de comunicación social tendrían un peso significativo; al tiempo que se crean dos canales educativos en la televisión, los cuales contarían con una programación marcadamente instructiva y cultural. Las Ferias Internacionales del Libro, que antes se celebraban cada dos años en La Habana, se extienden ahora por todas las provincias del país con un carácter anual, mientras se multiplica la edición de ejemplares.
Al respecto, quiero recordar aquella anécdota de Fidel, cuando en reunión efectuada con intelectuales y funcionarios de la cultura, tras culminar la Feria del Libro del año 2000, de pronto preguntó: ¿Dónde publica su primer libro un genio que, digamos, viva en el municipio de Colón? Le explicaron que el país contaba con decenas de editoriales, y que estas habían publicado decenas de miles de títulos en los años de Revolución; le explicaron procedimientos y mecanismos; y, en realidad, parecía suficiente el esfuerzo. Sin embargo, Fidel consideró que no lo era; aún faltaba mucho por hacer. Así surgió uno de los proyectos más inclusivos que en materia cultural podía soñarse: El Sistema de Ediciones Territoriales, popularmente conocido como Riso, el cual abarca 22 nuevas casas editoriales en todas las provincias del país. En sus 16 años de existencia, gracias a este sistema de impresión, han visto la luz más de cinco mil títulos, y cuatro millones de ejemplares, que de otro modo no hubieran dignificado ese principio revolucionario vigente desde el 1ro. de enero de 1959: “Al pueblo no le vamos a decir cree; le vamos a decir lee”.

Antonio Rodríguez Salvador
La Jiribilla

Conciencia de Cuba en palabras de Raúl Roa



Cuba es la palabra de orden. Lo es, porque hoy, como antes, se dirime en su espacio una pugna que parece impertérrita. En ese duelo, ocurren cambios que atañen a la mentalidad prevaleciente hasta hace algunos años; pero, del mismo modo, conciernen a los sentimientos, anhelos, virtudes o defectos de aquellos que —aunque habitan allende los mares—, siguen viviendo simbólicamente en ese lugar.
Cualquier avezado en la cotidianidad cubana más reciente podría llegar a afirmar que su razón es conciencia común. Sin importar de qué lado, a veces esas aserciones omiten que la nación es más ese sentimiento que junta, los rasgos que reúnen, la palabra que agolpa; y menos la segregación del factor humano en cualesquiera de las circunstancias que le resulte útil a algún docto occidental. De más está escribir que desde sus palabras, Nicolás Guillén chotearía poéticamente algunos de esos juicios crecidos sin conocer la historia y Jorge Mañach analizaría al poeta mestizo para evaluar esa particular psicología. La de esos “mercenarios de la oratoria”, que ni ante la muerte misma sienten el rubor de su “descoco”; “descoco punible”; “descoco inaudito”; “descoco sin rubor”.
Y es que los cambios paulatinos que se registran en Cuba crecen junto a razones esgrimidas, que conscientemente son convulsivas y que excluyen —en y fuera de—; dejando menos espacios para análisis basados en el conocimiento. Quizás el problema es que “ningún habitante de este inefable planeta es tan disconforme como el cubano. La protesta es su actitud permanente. Nunca está de acuerdo con nada. Ni siquiera consigo mismo. Todo le molesta y lo critica. Incluso se opone al disfrute del paraíso en la tierra”.
Precisamente en torno a esas brechas se entrevera el conflicto de nuestro tiempo. Este es un trance que parece dirimir quién tiene la razón sobre la consabida cuestión ideológica en el discurso. Ello por los fracasos en materia económica, por la frustración que estas decepciones han conllevado para generaciones distintas y en diferentes sentidos; y por la aquiescencia sobre las representaciones sociales de bienestar, basadas en el consumo de bienes tangibles y no tan simbólicos, que globalmente disminuye el alcance del conflicto social resultante del crecimiento y la reproducción de la vida humana en un ámbito de bienestar.
Aun cuando no hay crisis sin solución, a pesar de que no hay “Untergang sin Aufgang en la historia” se vuelve a dirimir en la Isla el drama social de nuestro tiempo: aquel que brota de “la paradójica coincidencia de la generalización progresiva de la miseria como condición específica de existencia de la mayoría de los hombres y del instrumental técnico apto para superarla definitivamente. Esta circunstancia objetiva —la reducción vertiginosa de las posibilidades del hombre en un mundo que él ha puesto socialmente en condiciones de garantizarle la vida y enriquecerle el almario totalizando su humanidad— lleva, forzosamente, a plantear el problema de las relaciones entre el individuo y la sociedad, a desentrañar el sentido de lo que la sociedad sea y el individuo sea en ella”.
Lo contrario es reducir la Nación a la sentencia circunstancial. Aquella que no logra percibir la contradicción latente entre un paisaje natural —imagen de paraíso perdido, descrito en Europa por utopistas en el siglo XVI, con una sensualidad mestiza, con cimbreante contorno y claro dintorno, ambos codiciados— y un paisaje social; resultante de una curiosa combinación de independencia política con una omnipresente dependencia económica y un evidente retraso productivo.
Evitar la pervivencia de esa contradicción latente parece ser también un problema que se dirime en estos tiempos. Hasta hace muy poco esta parecía ajena. No obstante, ya antes Cuba fue tierra de explotación y medro bajo condiciones de dependencia y heterogeneidad. Esa condición es latente aun —piénsese en el rol que hoy tiene la Inversión Extranjera Directa, su relación con la deuda externa, cambios operativos en los sistemas de propiedad y tipo de actores internacionales que participan— por la heterogeneidad productiva que la Isla comporta y por la no incorporación eficiente de los factores humanos de la cubanidad en la búsqueda de soluciones sólidas.
Así, el sentido de la sociedad en estos tiempos y su significado actual para los factores humanos de la cubanidad, conlleva el repaso consciente del pensamiento cubano. Un estudio consciente para entender los cambios, los problemas, las soluciones posibles. Un examen necesario, porque esos cambios son resultantes de cuestiones ya descritas y pensadas por una hornada de hombres y mujeres de pensamiento que entre los años 30 y 50 aportaron fecundas interpretaciones sobre los problemas de la Isla. También es imperativa esa revisión, porque algunos de los problemas ya son pretéritos: el de la economía, las relaciones Cuba-Estados Unidos, el de la raza, el de la exclusión política, el de la ciudadanía. Problemas pretéritos que adhieren nuevos significados claro está, como por ejemplo el de la emigración y los sujetos transnacionales.

Lo cubano del pensamiento de Raúl Roa

En términos históricos, el pensamiento cubano debería considerarse en relación a cómo este se desarrolla dentro de la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser. Fernando Ortiz explicaba cómo la cubanidad “no consiste meramente en ser cubano por cualesquiera de las contingencias ambientales que han rodeado la personalidad individual y le han forjado sus condiciones; –sino que– son precisas también la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser”. Esto podría considerarse bajo un prisma en el que la “conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser” validen lógicas de análisis y participación necesariamente incluyentes. La cubanidad se configuraría como un espacio de síntesis y reflexión.
Intelectualmente, ello no significa que la conciencia de ser cubano se interprete bajo una exclusión relativa aupada por una ideología —cualquiera que esta sea—, cuando esta pretenda o consienta el soslayo de factores humanos que disientan o recurran a otras maneras de concebir la vida en sociedad. El raciocinio humano ha configurado cierta normatividad sobre la organización social. En la misma, cuestiones como la solidaridad, la garantía de los derechos y los deberes que operan bajo la Nación, la satisfacción de necesidades, y otros, evitan el libre albedrío sobre las cuestiones relativas a las formas de reproducción socioeconómica de los seres humanos. En tal sentido, una necesaria interpretación del pensamiento cubano consiente visiones distintas —formas diferentes de concebir la reproducción social—, pero que tienen como común denominador el abordaje de los problemas que afectan la vida de esos factores humanos. De esa manera, las soluciones posibles pueden ser consideradas en relación a cómo afectan o favorecen la vida de esos factores mencionados. Ya sean los elementos que se consideren de índole político, social o económico.
En el caso de Raúl Roa, se podría afirmar que es un intelectual de izquierda que llega a sintetizar, de acuerdo a sus propias circunstancias, lo más relevante del pensamiento cubano de su época. Ello, porque reúne en su pensamiento cuestiones esenciales como la independencia política, la necesidad de transformación económica, los conflictos sociales y la relación con Estados Unidos. Llega a esa síntesis siendo martiano y alejándose del dogma marxista. Fue un intelectual que le gustaba escribir con cuchilla. Asimismo empinar su papalote en tiempos borrascosos. Dicen que se subía en la mesa del profesor para dar sus clases y que era fumador empedernido.
Al ser martiano se asumía como antimperialista. Revolucionario en sí mismo, llegó a reconocer como un problema central de Cuba la opresión que era justificada por «grupos nativos privilegiados»; los mismos que influyeron en el despertar político de las «masas sojuzgadas» en los treinta del siglo XX. En la radicalización de su pensamiento y en el de varios de su generación, influyó la frustración que opciones políticas nacionalistas como las de Mario García-Menocal y Miguel Mariano Gómez generaron al promover “reformas puramente adjetivas, dejando intacta (…) la estructura colonial del país, fuente de su servidumbre, atraso, ignorancia y miseria”.
Sin embargo, el juicio revolucionario de Roa no se determinaba por la necesidad abstracta de la insurrección per se, sino por la circunstancia concreta —Gerardo Machado, su gobierno y la frustración posterior de movimientos nacionalistas—, que exacerbaba la condición económica de la dependencia. Llegó en su vida a sintetizar esta cuestión como un problema fundamental, alcanzando una madurez evidente en sus escritos.
En 1948 subrayaba: “Cuba ha ganado una nueva conciencia política y un complejo más avanzado de relaciones sociales. Aún subsisten las raíces de la estructura económica de factoría; mas, está en parte cimbrada y totalmente puesta en cuestión. Se distribuyen más migajas de la riqueza, creada por el trabajo social. La clase obrera le ha arrancado al poder público algunas concesiones importantes. Y, asimismo, la clase campesina. Pero distan mucho de las que les corresponde por su posición creadora en el proceso productivo”.
Esta es una cuestión relevante entonces y en la coyuntura del presente cubano. Hoy, bajo otra concepción política, con la diferencia cualitativa de que los recursos humanos contenidos en la Isla tienen una capacidad de innovación que no se integra eficientemente al proceso productivo. En este aspecto Roa era preciso, para disminuir la dependencia a activos foráneos y para fomentar el progreso resultaba necesario provocar desde lo político la “posición creadora” de esos grupos económicos.
Dos cuestiones relacionadas con este aspecto y de singular trascendencia para la actualidad fueron: en primer lugar, la inoperatividad para el progreso en la Isla de lo que él denominaba “empréstitos rapaces”; de los que poco recibió el pueblo cubano. La inversión extranjera como hoy se conoce, se contempla por la Teoría de la Dependencia como una de las causas más importantes que impiden el ahorro o excedentes económicos útiles para el mejoramiento del bienestar en las naciones en América Latina. En segundo lugar, Roa criticó la tendencia de algunos sectores a manifestarse a favor de la economía libre y la abstención del Estado en el proceso de distribución de la riqueza.
Para él, la cuestión de la distribución de la riqueza a favor de clases en desventaja era una cuestión moral. Ello implicaba una labor consciente desde lo político para garantizar los medios necesarios de subsistencia a los seres humanos en sociedad. También, un tipo de transformación social en la que se liberase la tensión presente en el sistema de relaciones políticas, jurídicas, económicas y culturales, derivado de la organización dominante de la propiedad y de la distribución de la riqueza correlativa.
Sin embargo, esa distensión no implicaba una erradicación de toda forma de propiedad privada, en tanto la sociedad la entendía como un espacio dialéctico en el cual el propio estado de desarrollo de las fuerzas productivas alentaría o disminuiría la presencia de unidades operativas con lógicas propias a partir de los procesos de distribución de esa riqueza material. Cuando presentó sus oposiciones a la cátedra de Doctrinas Sociales, para Roa no era perentorio el análisis ético sobre si la propiedad privada es consustancial o no a la naturaleza humana. Lo apremiante para Roa era cambiar en Cuba la estructura semi-feudal y colonial en la que vivían insertadas formas industriales con evidentes separaciones entre una burguesía que se apropiaba de los beneficios que producía una masa “aborregada”. Para ello se necesitaba el concierto de diferentes grupos sociales que profundizarían en una “revolución democrática”. La alianza era obligación previa e ineludible.
En la visión teórica que respaldaba sus acciones, aceptaba el marxismo como un «instrumento de redención social y humana» en el período histórico que le tocó vivir, pero no renunciaba al libre examen. Entendía que el marxismo era una visión peculiar de la vida y de sus problemas y reconocía que en las experiencias históricas el principal inconveniente de esta ideología fue el dogmatismo que dudó del mundo previo a la instauración del comunismo en muchas naciones. En los 50 negó su afiliación al Partido Comunista de Cuba por sus arraigadas convicciones democráticas. La solución marxista en términos políticos no debía entenderse como la solución final.
Él mismo explicó qué quiso decir con eso en una misiva beligerante que envió a Jorge Mañach. Allí enfatizó que el problema cubano se resolvía “con datos cubanos y no con datos rusos”. “Si la salvación del mundo no está en manos cubanas, sí lo está la de Cuba”. Tampoco vendría de Estados Unidos —o de ninguna otra parte—, y en caso de esperarla desde allí, sería “aplazar la causa de Cuba para las calendas griegas”. Creía en el método revolucionario para minar las bases coloniales cubanas. Entendía que las causas de esa dependencia y pobreza provenían de esa suerte de fatalidad histórica en la que Cuba parece ser el espacio idóneo para cambiar de época: Colón descubrió de “chiripa” a América y España sentó las bases de dominación en la Isla —justo en la fase incipiente de la modernidad—; como después también lo hizo Estados Unidos —justo cuando la modernidad entraba en otra etapa en que necesitaba nuevos mercados, nuevas fuentes de bienes primarios y materias primas.
Le quedaba claro a Roa que si se explica la historia como resultante de la evolución de los medios de producción, se podría entender que existen grupos sociales que van a estar vinculados a esa forma global. Y, entonces, sus intereses allanarían el camino para que precisamente esos intereses globales determinaran el proceso de distribución de riqueza en la nación cubana. Además de estos, Roa reconocía otras lógicas que no necesariamente estaban relacionadas de forma directa con los medios de producción, pero que también abogaban por esa reconformación de las relaciones de poder globales. Según Roa, estos últimos “¡… entre el yugo que engorda y humilla y la estrella que ilumina y mata, se hubieran abrazado alegremente al yugo! No; no hubieran podido estar junto a Martí los que ahora, con la boca enjoyada de citas y las manos repletas de infolios, están contra él en la práctica política y en la conducta ciudadana”. Entonces, Roa le puso de ejemplos en Carta a Mañach, a Bernabé Sánchez y Narciso López. Hoy quizás otros encajarían en aquella descripción.
Una cuestión contenida en la misma carta era su valoración sobre la independencia de Cuba —y los contingentes esfuerzos para lograrla—, que en muchos sentidos era periférica, en lo cual influía su estructura económica más que la Enmienda Platt en sí. La ausencia de diversificación agrícola y la concentración del comercio internacional —en aquellos tiempos con Estados Unidos—, eran causas más profundas que lastraban la propia moneda y el carácter independiente. Esta era una explicación teórica que desconocían las masas de espaldas tumefactas y que esquivaban los comensales plumíferos del Grupo Orígenes según su siempre transgresora opinión. Su sentencia: soslayar esa elucidación era irse por la tangente.
También es teórica su explicación al considerar el capitalismo «la reproducción amplificada de la concurrencia capitalista» que orienta la política del Estado hacia la dominación; teniendo esta múltiples formas de expresión en términos de política exterior. Contra esa dominación, Roa reconoce que participan en conjunto diferentes sectores de la sociedad: la pequeña y mediana burguesía, empleados, obreros y estudiantes en el caso cubano. De forma agregada, estos sectores buscaban lo que entendía Roa era la solución definitiva del problema de Cuba: cambiar sustantivamente la estructura económica de la Isla.
En su labor como profesor en los años 40 intentó reproducir y enseñar las ideas comentadas anteriormente. Al asumir la cátedra de Historia de las Doctrinas Sociales en noviembre de 1940, su primera acción fue retomar el pensamiento martiano con un premio especial dirigido a los estudiantes. Entendía que la ciencia era el vehículo para enriquecer la misión fundamental del profesor: no defraudar a la sociedad en la cual está inmerso. Por su labor, es elegido en 1947 como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público. Intentó bajo su labor mantener una actualización académica de los profesores y de los programas de estudio. Hacer ciencia para crear conciencia.
Supo del exilio, de la vida emigrada. Su conflicto personal con Fulgencio Batista le hizo tomar ese camino. En México fue director de la revista “Humanidades”. Al volver en 1956 inauguró el edificio José Martí que fue destinado a la facultad de la que fue decano. En el mismo año, junto a Mañach, participó en los decimoprimeros cursos de la Universidad del Aire, donde expuso el rol de la educación para ganar conciencia sobre los problemas de Cuba. La Universidad de la Habana era el espacio donde concebía la posibilidad de exclaustrar la cultura y derramarla, como lluvia fecundante, sobre el surco ávido de la conciencia nacional. Su labor académica fue reconocida en varias universidades internacionalmente.
Su manera de ser irreverente podría interpretarse a partir de nociones que compartía. Estaba seguro de que uno de los principales conflictos del hombre en sociedad era que “…cuando nacemos (…) nos encontramos insertos en un sistema de relaciones sociales, cuya profusa urdimbre nos ata y esclaviza a lo que nos viene dado”. Pensaba que todos estamos a merced de usos, costumbres y normas inventados por otros; siendo solamente actores de una pieza mil veces escenificada. Complicada filosofía para mantener el orden social y la conciencia humana regida, según su criterio por la estática y las dinámicas sociales. El dilema, que es universal, se constreñía a la disyuntiva: “… o se decide uno por el cómo reptar de la vida prefabricada o por el riesgoso imperativo de ser el que es…”.
¿En qué medida esa definición formaba parte de su vida? José R. Fernández Figueroa pensaba que sí, que era un hombre excepcional. Era “…de esa estirpe de hombres, tan escasa en estos [y aquellos] tiempos de mediocridad y de acomodamiento, que se agarra a un ideal y lo levanta como una bandera de fe y de esperanza. Si su palabra peregrina de la verdad, levanta ronchas aquí, agravios allá, vítores, más adelante, poco le importa, porque no escribe para agradar a unos ni lastimar a otros. Lo hace para cumplir con su conciencia de hombre…”.
En estos tiempos donde ocurre una reconfiguración global, donde los costos sociales crecen como resultado de la brecha entre: la anomia sistémica que simboliza la prevalencia de intereses de rentabilidad dentro de un marco institucional normativo —que internacionalmente, exacerba un tipo de solidaridad utilitaria—, y donde se constata el desvanecimiento de las alternativas políticas y económicas eficientes en generar soluciones que mitiguen los efectos de esa anomia particular; resulta ineludible retomar el pensamiento cubano y encontrar allí alternativas posibles para el progreso que demanda Cuba y sus factores humanos. La ciencia brindaría argumentos para solidificar la conciencia cubana. Raúl Roa nos persuadiría de volver a José Martí, para desarrollar un examen de aquella visión que ha sido siempre síntesis del pasado y reveladora de un futuro posible.

Edel José Fresneda Camacho. Licenciado en Historia y master en Sociología por la Universidad de La Habana. Posee un doctorado en Estudios del Desarrollo.

La balada de Elpidio Valdés

A finales de 1961 yo estaba de aprendiz de dibujante en la revista Mella. Había llegado allí cuando la enseñanza secundaria no se había reactivado del todo, tras la recién concluida Campaña de Alfabetización. Embullado por mi padre, me había presentado en la publicación con algunos dibujos bajo el brazo y resultó que mi ídolo, el gran Virgilio Martínez, hizo colocar una mesa al lado de la suya, para que desde aquella posición privilegiada aprendiera en qué consistía el arte de la historieta. Tiempo después, cuando las secundarias reabrieron puertas, decidí matricular en la sesión nocturna, porque durante el día, en los dos años siguientes, no hubo quien me sacara de mi rincón del Mella. Allí, en la calle Desagüe números 108 y 110, miliciano e imberbe, incluso viví la Crisis de Octubre del 62.
La revista, que después se convirtió en semanario tabloide, tenía una sección donde se publicaban cartas, artículos y dibujos de los lectores. Casi todas aquellas colaboraciones me pasaban por las manos y recuerdo que un día presté atención a unos dibujos humorísticos que, por su calidad, estaban siendo procesados para ser publicados. Se trataba de la colaboración de dos adolescentes hermanos, nativos de la ciudad de Cárdenas. Uno de aquellos chistes era un soldadito con casco alemán de la primera guerra, estilo Káiser, trepado a un cañón y presto a dispararlo hacia la punta de un tabaco que apretaba entre los dientes. Lo firmaba un tal Juan Padrón.
En 1964 me tocó el servicio militar y alguna vez que pasé por el Mella, ya con el uniforme, me encontré allí con Padroncito (que era Juan) y también con su ingenioso hermano Ernesto. Ya por entonces había dado yo con la guitarra, compañera que estaba cambiando radicalmente mi destino, aunque todavía no me daba cuenta. Pero aun cuando comenzaba a prestar más atención a mis cuerdas empatadas, continué siendo un rastreador y lector infatigable de dibujos e historietas, deleite que todavía conservo.
Así, primero porque lo había visto surgir y después atrapado por el magnetismo de su talento, le fui siguiendo el hilo a Padroncito, cada vez sorprendiéndome por la calidad creciente de sus dibujos y por la frescura de sus ideas. Y de hecho me convertí en uno más de los cientos de miles de admiradores de las venturas y desventuras de verdugos, vampiros y piojos. Por entonces me llamó la atención lo de los piojos, porque era un tema que le facilitó regresar al tipo de muñeco que hacía al principio: una cabezota redonda sobre un cuerpecito menudo. Como cualquier lector especulé sobre los posibles orígenes de aquellos bichos y exploré las variantes en las que la imaginación picarona del cubano los iba ubicando. Justo cuando ya comenábamos a llamarlos ladillas, maldecí y deploré, como muchos, el uso imbécil del Escabicín seudoideológico con el que pretendieron fumigarlas.
Tiempo después supe que Padroncito estaba en el ICAIC, haciendo dibujos animados. Era increíble: primero coincidir en el Mella y ahora en el ICAIC. Y un buen día, cuando solo habían salido unas pocas aventuras del coronel Valdés, se me apareció en la casa y me dijo que quería que le compusiera una balada para aquellas aventuras.
Nunca supe bien por qué lo de balada. Él le decía balada y yo pensaba todo el tiempo en un son originario, salvaje, tratándose de un mambí oriental como Elpidio. Con tal concepto en mente rastreé por Cayo Hueso a un negro viejo al que había escuchado tocar la marímbula y le pedí a Jesús Ortega una vihuela. Difícil me fue afinar la vihuela: seis cuerdas pareadas y para colmo viejas. Luego pensé que me iba a ser duro hacerle entender al marimbulista la idea de aquel son precario, pero en eso me equivoqué. Tan pronto me puse a sincopar el bajo, el golpe de los flejes se convirtió en su sombra. No había tiempo para retoques, los muñequitos esperaban, y de pronto habíamos terminado la grabación, creo que en la segunda toma. Si no recuerdo mal, Padroncito me ayudó en algo de la letra; cuando menos lo de “gaitos” lo tomé de lo que él decía: uno de los nombretes insurrectos contra las tropas de la corona.
Después de aquel día me quedé con la idea de mejorar el tema y creo que lo hablamos, pero nunca se hizo. La que suena es la misma versión de entonces y con el tiempo he llegado a tomarle cariño. Ahora hasta quizás sea un sacrilegio hacerla con otro músico que no sea aquel viejo incógnito, del que quisiera recordar el nombre y que posiblemente esté descansando ya con su marímbula, su sombrerito y su tabaco.
Muchos años después, una noche en la esquina de Gran Vía y Fuencarral, en Madrid, Juan Padrón estaba parado, conver- sando con alguien, cuando de pronto, en medio del estruendo de los carros que pasaban, se escuchó una voz gritar: “¡Viva el coronel Elpidio Valdés! ¡Viva Cuba libre!” Padrón empezó a mirar enloquecido a todas partes, buscando de dónde había salido aquello. Pero ya el taxi culpable se alejaba conmigo adentro, muerto de risa y de júbilo por haber podido hacerle semejante regalo en el mismísimo corazón de la antigua metrópoli.

Silvio Rodriguez
La Gaceta de Cuba

Las Matanzas de Sabra y Chatila



En los campamentos de refugiados de Sabra y Chatila, en el Líbano, las Falanges cristianas en connivencia con el ejército israelí llevaron adelante una masacre que costó la vida de 3500 palestinos.

Como consecuencia de la creación del Estado de Israel, en 1948, muchos árabes que habitaban en Palestina escaparon de las fuerzas armadas israelíes y cruzaron la frontera hacia el Líbano, en donde comenzaron a vivir como refugiados. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), creada 1964, tenía campos de entrenamiento militar en Jordania, pero luego de la masacre que sufrieron sus militantes a manos del rey Hussein, en 1970, en los hechos conocidos como “Septiembre Negro”, la mayor parte de sus miembros huyeron hacia el Líbano. Allí se fueron asentando y consolidando en la zona sur del país desde donde empezaron a llevar adelante ataques contra Israel. Esta situación comenzó a incomodar, cada vez más, los intereses de la clase dirigente cristiana libanesa, que tenía el monopolio del poder político desde que el Líbano dejara de ser una colonia francesa y se independizara en 1946.
Durante los primeros años de la década de 1970 comenzaron a sucederse enfrentamientos entre las fuerzas cristianas nacionalistas, conservadoras y derechistas contra organizaciones político-militares musulmanas e izquierdistas hasta que en 1975 estalló una guerra civil que iba a durar 15 años. El ejército israelí comenzó a intervenir en el conflicto bélico, a fines de la década de 1970, invadiendo el Líbano y conformando una alianza con las fuerzas cristianas de derecha. Como resultado de esa alianza, en 1982, Beirut fue tomada por las tropas israelíes y estas dejaron como “zona liberada” los campos de refugiados palestinos Sabra y Chatila para que ingresaran las milicias cristianas y masacraran a sus habitantes.

El Contexto de la Masacre

El 1 de septiembre de 1982 seiscientos treinta y tres fedayines(1) se embarcaron en el “Mediterranean Star” con destino a Tartus (base naval siria en el Mediterráneo) con el Comando Militar de la OLP. Así terminó la evacuación de las fuerzas militares de la OLP de Beirut. El mismo día el entonces presidente de los Estados Unidos de América (EUA), Ronald Reagan, expuso en una alocución televisada su Plan de Paz para Medio Oriente. Allí sostuvo que:
“Ya es tiempo de que todos los pueblos de Medio Oriente den prueba de un nuevo realismo: la existencia del Estado de Israel es un hecho consumado… Sin embargo esa legitimidad solo fue reconocida por muy pocos países y negada por todos los países árabes con excepción de Egipto. Israel existe; tiene derecho a existir en paz detrás de sus fronteras seguras y defendibles”(2).
Al día siguiente de la difusión del Plan de Paz, Israel publicó un comunicado oficial en el que rechazaba, punto por punto, todo lo dicho por Reagan. Para el primer ministro israelí, Menahem Beguin, la aceptación hubiera sido una traición al pueblo israelí. El 5 de septiembre el ministro de defensa, Ariel Sharon, en una suerte de respuesta al Plan Reagan, anunciaba la implantación de tres nuevos asentamientos en la Ribera Occidental. Yitzhak Shamir, ministro de relaciones exteriores, legitimaba los nuevos asentamientos declarando que: “Nos quedaremos en Judea, en Samaria y en Gaza. Nos instalaremos allí y nosotros mismos nos ocuparemos de nuestra seguridad”(3).
Desde la Conferencia Sionista Extraordinaria, celebrada en New York en mayo de 1942, EUA se había convertido, tomando la “posta” de manos británicas, en el principal promotor y sostenedor del movimiento sionista. Desde mediados de la Segunda Guerra Mundial (SGM) y hasta el presente todas las administraciones estadounidenses han sido las principales aliadas del Estado de Israel. La intermediación de Washington en los Acuerdos de Camp David en 1978, cuatro años antes de las matanzas de Sabra y Chatila, entre Israel y Egipto había posibilitado que el hasta entonces país líder del panarabismo dejara su hostilidad hacia Tel Aviv y reconociera su derecho a existir en Medio Oriente.
Sin embargo, quizás jugando al “policía malo” y al “policía bueno” o simplemente por tener diferencias entre “amigos” el gobierno de Menahem Beguin hizo oídos sordos a la “paz reaganiana” y tiró más leña al fuego avanzando militarmente sobre Beirut cuando ya se habían retirado buena parte de las fuerzas militares palestinas.
Por su parte la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por medio de la agencia telegráfica TASS, sostuvo que la iniciativa estadounidense se inscribía “integralmente en un gran plano cuyo objetivo es el de reforzar la influencia norteamericana en la región del Cercano y del Medio Oriente, cuya importancia estratégica y económica fue subrayada por Reagan”(4). Más adelante, el 15 de septiembre, un día antes de la masacre, el líder político de la URSS, Leonid Breznev, dio a conocer un plan de paz para Medio Oriente con seis puntos centrales, destacándose los tres siguientes : 1) principio de inadmisibilidad de conquista de tierras por medio de la agresión (restitución de los territorios ocupados por Israel en 1967), 2) derecho de los palestinos de volver a sus hogares u obtener una compensación por los bienes que tuvieron que abandonar, 3) debe de establecerse un respeto de las fronteras territoriales de ambos Estados, el judío y el árabe.
Sí bien en un comienzo Stalin apoyó la resolución 181 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que promovía la creación de dos Estados (uno judío y otro árabe) en Palestina, ya a partir del conflicto del Canal de Suez, en 1956, pero sobre todo luego de la Guerra de los Seis días, en 1967, la URSS e Israel se encontraron absolutamente distanciados, como resultado de la toma de posición de cada Estado en el marco de la Guerra Fría. La venta de armas de Moscú y sus satélites europeos a Egipto, Siria, Libia, etc daba cuenta de los negocios y la tensión político-militar en la zona. En definitiva, sí bien la URSS apoyó diplomáticamente los movimientos antiimperialistas en Medio Oriente no fue mucho más allá.

Matanzas de Sabra y Chatila

En el marco de la guerra civil libanesa, el 14 de septiembre de 1982, el líder maronita y mandatario electo libanés Bashir Gemayel fue asesinado junto a cuarenta personas más en un atentado con explosivos contra la sede central de las Fuerzas Libanesas en Beirut. Este hecho, nunca del todo esclarecido, pudo haber sido llevado a cabo por las facciones pro-sirias y pro-palestinas que se enfrentaban a las fuerzas cristianas e israelíes, o por las mismas fuerzas israelíes para justificar su avance sobre Beirut y legitimar el aniquilamiento de las fuerzas palestinas que pudieran quedar en el país luego que la OLP se hubiera retirado días antes.
Como resultado del atentado dos divisiones del Tzáhal(5), al mando del Ministro de Defensa Ariel Sharón, invadieron el oeste de Beirut al día siguiente, incumpliendo así su acuerdo con los Estados Unidos de no ocupar la parte occidental de la ciudad. El ejército israelí había rodeado, el 15 de septiembre, por completo los Campos de refugiados de Sabra y Chatila, dominando todas las entradas y salidas. Ese mismo día, a última hora, Rafael Eitán, jefe del Estado Mayor, y Ariel Sharon se reunieron con los dirigentes de la Falange(6) cristiano-libanesa en el aeropuerto de Beirut y acordaron maniobras conjuntas para el día siguiente.
El día 16 casi todas las localidades del país quedaron sometidas al toque de queda israelí. Ese mismo día el embajador de Israel en Washington, Michael Arens, afirmó a una cadena de televisión estadounidense: “Se debe tener en cuenta de que el ejército israelí es hoy la única fuerza verdaderamente estable en el Líbano. ¿Imagínese un minuto lo que sería ahora el Líbano sin el ejército israelí?”(7). El Departamento de Estado, tanto como la Casa Blanca se negaron a condenar la iniciativa militar israelí, sosteniendo que era imperativo restablecer la calma y la tranquilidad.
El 16 de septiembre la masacre comenzó cuando cientos de falangistas entraron armados a los campos de refugiados y llevaron adelante violaciones, mutilaciones y asesinatos de ancianos, mujeres y niños durante más de 30 horas. Cómo una suerte de apoyo logístico, combinado con una especie de “celebración festiva”, las fuerzas israelíes dispararon bengalas durante la noche con el fin de “iluminar” el trabajo de los falangistas. La responsabilidad del Estado de Israel, con la legitimación diplomática estadounidense, es innegable puesto que fueron sus fuerzas militares las que habían tomado el control absoluto de Beirut, en general, y de los campos de Sabra y Chatila, en particular, generando las condiciones para que los falangistas perpetraran la masacre
Al menos 3000 refugiados palestinos resultaron asesinados como consecuencia del ataque. El primer ministro israelí, Menahem Beguin, desentendiéndose de la participación de su ejército en la masacre, sostuvo: “En Chatila no judíos mataron a no judíos ¿qué tenemos que ver nosotros con eso?(8). Sin embargo la ciudadanía israelí, a través del movimiento pacifista Shalom Ahshav(9) y la oposición política, desestimando las palabras de su jefe de gobierno, llevó adelante el 25 de septiembre la manifestación más grande de la historia del país exigiendo responsabilidades, dismisiones y una investigación independiente.
Tanto como la masacre de Deir Yassin(10), el Al Nakba(11) y otras tantas barbaries cometidas contra los palestinos por parte del Estado de Israel, la Masacre de Sabra y Chatila es una herida que no se ha curado y que permanecerá abierta hasta que no se haga justicia con el legítimo derecho del pueblo palestino a vivir en su tierra sin ser oprimido ni explotado.

Diego Gómez
Sociólogo

Notas:

1. “Luchadores por la libertad” del pueblo palestino. Laicos.
2. Revista Estudios Palestinos, Número 1 (1984) “Cronología”. Instituto de Estudios Palestinos. Buenos Aires.
3. Ídem.
4. Agencia de Telégrafos de la Unión Soviética 2/09/1983.
5. Acrónimo de Tzava Hahagana LeYisrael (Fuerzas de Defensa de Israel). Nombre genérico para las fuerzas armadas israelíes.
6. Formación política cristiano-católica inspirada en la Falange Española. Su lema fundacional es “Dios Patria y Familia”.
7. Revista Estudios Palestinos, Número 1 (1984) “Cronología”.Ob. cit..
8. http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=40763.
9. Organización política israelí que se opuso firmemente a la invasión del Líbano en 1982. Ha rechazado los asentamientos en Cisjordania y la Franja de Gaza, y ha abogado por la negociación como herramienta para la solución al conflicto árabe israelí.
10. Masacre de palestinos en la aldea Deir Yassin llevada adelante por las milicias sionistas Irgún y Leji.
11. Al Nakba, en árabe catástrofe. Término utilizado por el pueblo palestino para referirse el éxodo forzado por las milicias y el ejército sionista en 1948 en el marco del surgimiento del Estado de Israel.